La experiencia de tomar una foto con el celular

Andrea Ostera llevó adelante este año un taller de fotografía documental usando el teléfono celular. En diálogo con ramona, la docente y artista rosarina cuenta cómo surgió la idea de armar este curso y los aportes que hace el Smartphone.




Una artista con celular. Es de los nuevos, un Smart. Vendió una obra y creyó que la compra era bien merecida. "Es una herramienta más", señalará más adelante. Días después empieza a descargar las aplicaciones, las más cercanas a ella y su trabajo. Se arma una cuenta en Instagram. Y un día lee una historia: la del huracán Sandy en octubre del 2012 y el desastre que ocasiona en la costa este de Estados Unidos. La revista Time y su editora, Kira Pollack, ordenan a parte de su staff de reporteros gráficos que cubran el hecho. La consigna es la inmediatez, subir las imágenes vía internet a la web del Times y para eso es esencial el uso del celular con cámara. Ese día la revista logra un enorme tráfico de visitas.

En la Escuela Municipal de Artes Plásticas Manuel Musto del barrio Saladillo de Rosario se trata de cubrir distintas áreas de la práctica fotográfica aunque parecía que faltaba abordar las redes sociales y el uso del teléfono como cámara. Es un desafío para la docencia porque no hay oferta que cubra una experiencia con estas características. “La idea fue hacer un taller de fotografía documental, usando el celular como herramienta. Ese era el punto de partida. Pensábamos el concepto de lo documental con la mayor amplitud posible”, afirma la docente.
Andrea Ostera saca fotos desde los 12 años. Su primera cámara se la trajeron sus padres luego de un viaje, era una Kodak Instamatic. "La usé mucho hasta que dejó de funcionar y ese día la abrí para ver qué tenía adentro", cuenta Ostera. A los 18 llegó de Salto Grande, Santa Fe, a estudiar Ciencias Políticas en Rosario y mientras hacía fotos se fue acercando a algunos de los integrantes del grupo Rozarte. El segundo momento fundacional fue un viaje a Europa, de varios meses. “Viaje iniciático”, lo define. En vez de visitar ciudades, fue a visitar museos. “Ahí decidí que quería seguir estudiando fotografía y tener un acercamiento a la fotografía como arte", confiesa.

En su taller Fotografía Móvil, que finaliza a fines de este mes, propone explorar nuevas formas de producción y puesta en circulación de la fotografía documental. "La idea es investigar otra herramienta entre las tantas posibles para hacer un proyecto fotográfico", afirma. En el taller, el trabajo de edición se hace con impresiones sobre papel. "Es más práctico mirar, editar y establecer relaciones con 20 fotos sobre la mesa", dice. No pretende que en estos meses se cerrara sino usar este tiempo para abrir el proyecto, es un taller de puesta en marcha.

-Las nuevas tecnologías lograron que sean las propias personas quienes produzcan, difundan y creen discurso, convirtiéndose en figura total dentro de la práctica fotográfica. ¿Hasta qué punto se debilita la voz de agentes como curadores, museos o agencias de imagen en el actual contexto?
-Sin dudas, el fotógrafo tiene nuevas posibilidades que llegan no solo de la mano de las nuevas tecnologías sino también de la popularización de las redes sociales. La combinación de teléfonos inteligentes y redes sociales ha producido una verdadera revolución. El teléfono móvil es una herramienta poderosa, una computadora alojada en un delicado dispositivo que permite tomar fotos de calidad y ponerlas en circulación inmediatamente. Se ha producido cierto empoderamiento del autor, quien ahora puede estar al mando del circuito completo de la imagen, partiendo del trabajo de toma, pasando por el laboratorio digital y las tareas de selección y edición (decisiones curatoriales) hasta la puesta en circulación de las fotografías. Dicho esto, no veo un debilitamiento demasiado notable en los roles tradicionales del sistema. Sí, creo, hay movimientos y reformulaciones. En todo caso, veo una expansión del “campo fotográfico”. Hay museos, curadores, publicaciones, galerías, agencias, y todos los componentes de un sistema de arte. Pero además, hay experiencias autónomas, independientes de ese sistema, experiencias alternativas.




-No es la primera vez en la historia, que la democratización y la accesibilidad de ciertas tecnologías ha favorecido un aumento de narrativas. ¿Qué podés decir a esto?

-No estoy muy segura de qué significa esto del “aumento de narrativas”. Ha aumentado enormemente la cantidad de fotografías que se toman y que se comparten. Hay más de todo. Hay nuevos usos, algunos de ellos profundamente vinculados con las redes sociales. Para dar una idea, en Facebook se suben 300 millones de fotos por día. En Snapchat se comparten 9000 fotos por segundo. Una adolescente entra a un probador y envía una selfie a sus amigas para que opinen sobre tal prenda; una madre fotografía el cuaderno de su niño para pasarle el archivo por WhatsApp a otra madre cuyo hijo faltó al colegio; un alumno de secundaria fotografía el pizarrón en vez de tomar apuntes. El celular aparece como una gran herramienta para tomar notas visuales, que muchas veces encuentran un curso en alguna red social. Más que de aumento de narrativas hablaría de superabundancia de imágenes, con nuevos usos. Y creo que este crecimiento desaforado no es gratuito. El problema que trae este exceso de imágenes, me parece, es que puede generar cierto adormecimiento de la mirada. Hay mucho para ver, pero no hay tanta voluntad de mirar. Miramos cada vez más rápidamente. ¿Cuánto tiempo nos detenemos en una imagen en Instagram? Hay mucha más energía puesta en hacer una foto que en mirarla. Creo que parte del desafío que enfrentamos, sobre todo los que hacemos docencia, es el de promover la experiencia de una mirada sin apuro.

-¿Qué es mirar?
- Te diría que mirar es hacerle preguntas y dejarse interpelar por esa imagen. Si uno prolonga el momento de estar con una imagen “aparecen otras cosas”. Desacelerar parece ser una práctica deseable. Pienso en el laboratorio analógico que tenemos en la escuela Musto. A veces los chicos están tres horas para sacar una imagen. Aprenden a copiar fotografías, pero también ejercitan la paciencia. Experimentan con un tiempo diferente.

-El régimen de tiempo en el que vivimos niega casi de inmediato la posibilidad de maduración. ¿Creés que las personas con celular y su cámara, logren dominar una técnica o abandonarán la idea de profundizar sobre la imagen y sus usos?
-No creo que este nuevo momento implique necesariamente la imposibilidad de maduración. No en todos los casos (me incomodan un poco las generalizaciones). Seguramente hay gente que fotografía (y mira) con apuro, y hay otros que consideran que cierto tiempo de desarrollo o reflexión es fundamental para la imagen. Escucho con frecuencia críticas a autores que usan sus teléfonos para fotografiar, porque “no dominan la técnica”. Puede que el fotógrafo no sepa tanto de técnica, pero los teléfonos son cada vez mejores en su función cámara y pueden resolver situaciones de alta complejidad. La experiencia de casi doscientos años de fotografía está increíblemente compilada en estos programas capaces de producir imágenes magníficas. En todo caso, no me interesa tanto si el fotógrafo domina la técnica o no. Más me interesa si tiene algo para decir. El problema importante no es el del dominio de la técnica, sino la producción de sentido.

-A muchos fotógrafos que venían haciendo esto antes de “la llegada del celular”, les cuestan más adaptar y convivir, y se generan malentendidos y problemas a la hora de verse con las nuevas maneras de actuar y las nuevas generaciones -¿Por qué motivos se producen?
-Las diferencias generacionales siempre han existido. Cada generación entiende al mundo de una forma, y a veces es difícil correrse de esa posición. Hay fotógrafos más convencionales que ni siquiera pueden pensar que una imagen realizada con celular sea digna de consideración. Muchas veces me encuentro con posiciones que hacen una defensa del esfuerzo invertido en tal o cual foto: que el trabajo en el laboratorio digital (en la computadora de escritorio o en el celular) sea relativamente sencillo en algunos casos, es considerado una falta de mérito. Sin embargo, hay otros fotógrafos, con una larga trayectoria, que empezaron en tiempos analógicos, que no temen probar qué es lo que tienen para ofrecer estos nuevos dispositivos. Marcos López, por ejemplo, encontró en su iPhone, Facebook e Instagram plataformas totalmente adecuadas para la producción de su obra. Pienso también en la cuenta de Instagram de Gabriel Valansi, que nos trae otro costado de su fotografía, un desvío. Una colección de hallazgos sencillos, imágenes mínimas, refinadas, ¡hermosas!




-¿Tenés alguna descripción de lo que podría llamarse “ser fotógrafo”? Contextualizado en un mundo en el que disponemos de una cámara al nacer.

-En un sentido amplio, podemos decir que todo aquel que usa una cámara “está siendo” un fotógrafo. Sin embargo, esta respuesta no resulta útil para nada. Hay un inmenso universo de prácticas fotográficas, para las cuales se utilizan diversos dispositivos de toma, desde valiosísimos microscopios hasta sencillos teléfonos celulares: fotografía científica, militar, comercial, fotografía para los medios de comunicación, fotografía amateur, vernácula... A veces, separada de estos universos, pero en otras oportunidades, superpuesta con ellos aparece una fotografía con intención de obra. En ocasiones, es el autor el que ofrece la intención. De vez en cuando, es alguien más el que se apropia de esa imagen (me gusta cuando el crítico de arte español, Fontcuberta, habla de “adopción”). Me parece escuchar en la pregunta por el “ser fotógrafo” la pregunta por el autor y allí podría responder que un fotógrafo/autor aparece cuando hay intención de obra.


-¿Cuándo crees que hay una obra?

-Cuando se produce el encuentro entre un objeto intencionado y una mirada curiosa.

-¿Cuál es el trabajo del docente?
-A mí me gusta pensar que trabajo para que cada uno encuentre su voz y entienda lo que tiene para decir.


-No sólo como docente sino en su obra viene experimentando con las nuevas tecnologías de comunicación... y también con algunas muy antiguas, como los fotogramas. En su serie "Capturas de pantalla" que expuso el año pasado, plasma en papel fotosensible las imágenes capturadas con su celular. ¿Qué te hace ir y volver de las técnicas clásicas a la contemporaneidad?

-Hay un hilo conductor. Mi tema es la fotografía. No es que uso la foto para hablar de otra cosa. Siempre estoy hablando de la fotografía. Vivimos en una sociedad excesiva en imágenes. Todo lo que podamos reflexionar sobre ellas es una forma de intentar saber más sobre nosotros mismos.



Cuando un ejercicio escapa del aula.
Paulina Scheitlin, alumna del taller, pensó trabajar sobre la calle San Luis pero también abrirlo a la comunidad para que todos sumen sus fotos. El proyecto colectivo en Instagram se llama @igerscallesanluis



carteleramusto.wordpress.com

andreaostera.wordpress.com/

por Sebastián Vargas, 8 de Julio de 2017
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