El tiempo en una dimensión flotante

Retrospectivas contemporáneas es un ciclo de muestras individuales proyectado por la curadora Clarisa Appendino que se desarrolla en la Fundación OSDE Rosario. Consta de cuatro capítulos. El primero tuvo lugar en abril y el artista convocado fue Carlos Aguirre con El fuego camina conmigo. El segundo comenzó el 7 junio, Pintura de tiempo, de Mariana De Matteis. Después vendrán Mimí Laquidara y Georgina Ricci.



I

Entramos a Pintura de tiempo y vemos arena. Vemos arena porque hay arena. Una montaña, de la que sobresalen distintos objetos. Más bien son formas enterradas o a medio enterrar. Vemos –porque hay– restos en la arena. Y la imaginación se dispara, por lo menos en mi caso, hacia la célebre película El planeta de los simios de 1968, puntualmente, cuando Charlton Heston advierte, al enfrentarse con la Estatua de la Libertad hundida en una playa, que lo que él pensaba que era el pasado, en realidad es el futuro, y como es el futuro, la estatua –ese resto que vemos en el film– se transforma en epítome del pasado. Lo que queda –o quedó– de lo que fue.



Desde lejos vemos la disposición cuadrangular de 16 hojas de papel carbónico –4 x 4–. De cerca, se distinguen dibujos sobre ese papel. El gesto de exhibir un dibujo sobre carbónico puede significar: existe algo en otro lugar. Lo que vemos en la pared es lo que queda –o quedó–, el resto de una presión que ejerció la mano que sostuvo el lápiz –u otra cosa– sobre el papel común. Lo que tenemos frente a nosotros, podríamos pensar, desde un punto de vista no es –no es el original ni las copias; las copias buscadas–, y desde otro, todavía sigue siendo –resto–.

Después tal vez identifiquemos el dibujo de una pintura de Carlos Aguirre. Mariana De Matteis dibuja una pintura de Aguirre en el mismo lugar en el que la pintura estuvo expuesta hace unos meses. Dibuja la pintura como si quisiera retenerla. Dibuja la pintura para que quede algo de la muestra anterior. Dibuja la pintura porque Clarisa Appendino le dijo que quiere que algo de la retrospectiva pasada siga pasando. El dibujo de la obra de Aguirre es un resto. Un resto que deviene gesto. Un gesto que encaja con el proyecto curatorial Retrospectivas contemporáneas, ya que el término siempre hace referencia al pasado. ¿Qué queda –o quedó– de lo anterior? Queda –o quedó– el dibujo de una obra. Una obra. ¿Una retrospectiva dentro de otra?

En la pared adyacente a la de los carbónicos se disponen, en diálogo formal con ellos, una serie de objetos: recortes de papeles pintados, acrílico, pinceles que aparentan ser hallazgos arqueológicos, restos de una pintura que no aparece, restos de una ausencia, el remanente de lo que ya fue o de lo que nunca pudo llegar a ser –resto sería además el resultado de un proceso de pérdida: se hace una resta y queda un resto, se divide y queda un resto, aunque el resto sea igual a cero.

En el medio de la sala una columna, una columna de castillos de arena que parece sostener el techo del edificio, la arena, que jamás se ve en las construcciones –sí en el proceso de construcción– está en primera plano, lo invisible se vuelve visible; sin embargo, la columna también se podría leer en tanto forma, una forma alargada capaz de seguir creciendo como crecen las palmeras registradas en las fotografías intervenidas por la artista, que tienen un principio de correlato, además, con el dibujo de formas verticales atravesadas por unas líneas de colores similares a las líneas estadísticas que van mostrando una proyección temporal del ascenso o descenso de algún indicador, líneas suspendidas que abren el espacio hacia una serie de estantes que sostienen objetos y dibujos. Los sostienen de tal manera que Appendino aclara en el texto de sala: “En los estantes el tiempo queda en una dimensión flotante”, de hecho, algunos de los dibujos ni siquiera están apoyados sobre la superficie sino que, literalmente, flotan, flotan en el espacio y, sobre todo, flotan en el tiempo. Es lo que le sucede a cinco pequeños dibujos que representan cinco puntos de vista de una casa cuyo porche resulta demasiado pequeño para que una camioneta –4 x 4– encaje. Los cinco puntos de vista, creo, son el producto de una insistencia.
Dibujar desde distintas perspectivas para que algo, finalmente, cuaje. Pero no, no importa, De Matteis podría haber dibujado cien perspectivas y la camioneta no hubiese entrado. El gesto repetitivo pone en evidencia el fracaso: lo que no es, no es, lo que no va, no va, sin embargo, simultáneamente, ella abre una esperanza, por un momento el dibujo disuelve esas verdades, en la insistencia se olvida de las imposibilidades: no se puede tener nada, es cierto, pero a través del dibujo algo real –o de lo real– se hace, una especie de dibujo performátivo.



Sobre las estanterías reposan dibujos de distintos espacios de la casa. Dibujos sobre papel de felpa de diferentes colores que se detectan mejor al aproximarse. Un acercamiento que supone –o propone– una intimidad: la del hogar. Trazos que construyen algo que parece venirse abajo, trazos que uno siente que se borrarán con el paso del tiempo. Trazos precarios, en apariencia, como los objetos que están sobre unas bases debajo de los estantes: una mochila, un par de zapatillas, pantalones, una caja de cigarrillos, cáscaras de banana. Objetos hechos de arena prontos a desintegrarse. Estamos tentados a tocar, queremos confirmar que se van a romper. Pero no se van a romper, porque no los vamos a tocar.

Por último, la colección De Matteis Den Daw. Extraña colección. Producto de un gesto que nada tiene que ver con el intercambio mercantil. Quizás sí con un gesto de amor. Con un impulso amoroso que le permite apropiarse de manera efímera de aquello que nunca podría tener. De Matteis escribe: “Si las dibujo, me pertenecen”, frase que destila más que una seguridad, un deseo o una necesidad. Dibuja para que algo le pertenezca –para que algo permanezca–. Y lo que en este caso le pertenece –permanece– es un conjunto de obras. Un conjunto de obras –la colección De Matteis– que al mismo tiempo es otra cosa. En la vitrina dispuesta en la sala hay dibujos de obras, vemos obras, pero también esos dibujos remiten a lo que ellos mismos no son. En este sentido la rtista se transforma en una coleccionista original, dueña de lo que no es.



II

En el trabajo de Mariana De Matteis pueden detectarse duplicidades, pares de opuestos: propio- ajeno, construcción-destrucción, lejos-cerca, frágil-sólido, estable-inestable, rígido-flexible, permanente-efímero, visible-invisible, ser-no ser. Estos opuestos ponen en evidencia una apuesta por lo precario, “resbaladizo” (Appendino), como si al toparse, los opuestos quedasen en suspenso, expectantes. Vemos una cosa que parece otra. O a la inversa. No se sabe bien. Y esa opacidad –no saberse bien– quizás sea el resto. El resto de una oposición que nunca termina de definirse. El resto de una tensión que se sugiere, que se tensa, aunque jamás se resuelve. El resto que la artista erige frente a la falta –la preocupación por el resto se repite en el trabajo De Matteis, recordemos una obra ausente en esta oportunidad, con un título sugestivo, Me enamoré 18 veces pero sólo me acuerdo de 3; son tres las veces que se acuerda, sí, pero ¿no están latentes las otras 15 que se olvidó?, ¿cuál es aquí el resto?–. Falta y resto. ¿Qué falta? Falta todo y no falta nada. ¿Qué hay, entonces? La imagen que surge para responder es la de la huella. La huella es vestigio, rastro, señal. Un resto paradójico: nos damos cuenta de la existencia de algo por su ausencia. La arena es el lugar ideal para la huellas. Llegamos a una isla que creemos desierta, observamos la huella de un pie en la playa e inferimos que hay –o hubo– alguien.



Presencia-ausencia

En Pintura de tiempo la arena deviene huella. ¿De qué? De otra cosa. El dibujo se transforma en huella. ¿De qué? No lo sabemos con certeza, aunque existen indicios para suponer que la curadora y la artista estuvieron de acuerdo en lo siguiente: no queremos esconder que a estas obras las han precedido otras, muchas, que vienen de ellas; no queremos tampoco esconder que a esta muestra le ha precedido otra.




Pintura de tiempo de Mariana De Matteis se puede visitar hasta el 2 de Julio de 2017 y se realiza en el marco del proyecto curatorial "Retrospectivas contemporáneas" a cargo de Clarisa Appedino

El Miércoles 21 de Junio se realizará un recorrido por la muestra a cargo de la artista y la curadora


Ir al texto curatorial y reseña de la muestra


Espacio de Arte Fundación OSDE
Oroño 973 (4° y 5° Piso) - Rosario


por Manuel Quaranta, 20 de Junio de 2017
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