Pintura de tiempo de Mariana De Matteis en el marco del proyecto curatorial "Retrospectivas contemporáneas"

Autor de la reseñaramona , 15 de Junio de 2017
MuestraPintura de tiempo
EspacioFundación Osde (Rosario)
Artista(s)Mariana De Matteis
Técnica(s)Instalación
Inauguración07-06-2017 19:00
Cierre02-07-2017 19:00

Retrospectivas contemporáneas es un proyecto curatorial a cargo de Clarisa Appendino que se despliega a través de cuatro muestras individuales de abril a noviembre de 2017 con los artistas Carlos Aguirre, Mariana De Matteis, Mimí Laquidara y Georgina Ricci. Retrospectivas contemporáneas propone cuatro muestras individuales. Una misma sala se transforma en el escenario de un encuentro interrogativo, analítico y reflexivo de las obras para la investigación sobre los artistas, las exposiciones y el arte contemporáneo. Abordar la retrospectiva en artistas jóvenes significa observar, en la doble acepción del término, el trabajo y la búsqueda realizada hasta ahora por cada uno. La mirada hacia atrás no radica en la lectura de toda una carrera, sino de un proceso reciente en el que se reúnen un conjunto de obras que se acercan al imaginario y las ideas que cada artista desarrolla.





Pintura de tiempo de Mariana De Matteis

La historia de la teoría de las artes nos ha enseñado que Lessing, en un intento por delimitar las fronteras entre pintura y poesía, designó a la primera como un arte del espacio, mientras que a la poesía como un arte del tiempo. Este paradigma clasificatorio determinó durante muchos años el pensamiento sobre las tensiones e interrelaciones entre pintura y poesía o, mejor, entre espacio y tiempo. Bajo esta definición, la expresión Pintura de tiempo, pensada para un conjunto de obras de Mariana De Matteis que aventuran una retrospectiva, arriesga un error sobre la teoría clásica del arte, o por lo menos una contradicción. Esto interroga a los distintos procedimientos que realiza la artista. Entre ellos el dibujo es el medio predominante para hacer imágenes, pero ese medio es, nuevamente, contradictorio y se posa sobre una superficie siempre resbaladiza.



En una vitrina hay páginas de un catálogo de una colección de obras que sólo le pertenecen a la artista a través del dibujo y en un rincón de la sala (en el mismo rincón donde fue exhibida) aparece el dibujo de una obra ajena que formó parte de la muestra anterior. Este procedimiento nos conduce a una pregunta pragmática y poética: ¿cuál es el uso que la artista hace del dibujo? Tal vez la respuesta está en el relato de origen de este procedimiento. Con un impulso amoroso, narró un antiguo pensador, una joven trazó sobre la pared el perfil del rostro de su amado antes de su partida. El gesto consistió en dibujar una línea que representaba el contorno del joven a partir de la proyección de su sombra. Esta alegoría sobre el inicio del dibujo lo define no sólo como representación, sino, sobre todo, como recuerdo y acto de preservación y resistencia al olvido. Es aquí, y por ahora, donde quizás se posa un aspecto de las imágenes que registran obras, paisajes, hogares y viajes.

En el imaginario de Mariana De Matteis, el dibujo se presenta también de un modo escurridizo, donde lo que retiene, simultáneamente se pierde. El deambular constituye radicalmente la construcción de una obra cambiante, resbaladiza: la imagen no es sino en el modo de acercarse a ella. Este revelamiento que caracteriza a la Pintura de tiempo involucra una acción, como la que describe Yoko Ono en su instructivo homónimo: “Hacer una pintura en que el color / aparezca sólo bajo cierta luz / y ciertos momentos del día. / Hacer que el momento sea muy corto.” El acercamiento y el alejamiento es la manera en que el dibujo sale a la superficie; hay una imagen que brota del soporte e intenta sostenerse en la frágil temporalidad.



Aunque digan que en el desierto nada crece, los páramos contienen una temporalidad detenida: la historia de todos los materiales convierten a vestigios minimals en un paisaje metafísico de formas petrificadas. Al igual que el carbónico y el lápiz en el plano, la arena registra y perpetúa a los objetos en el espacio. Funciona además como calco de las formas y texturas de los objetos. La arena está siempre vinculada al volumen, pero su condición es la del plano: el desierto es, en nuestro imaginario, llano y sobre él crecen formas que se camuflan en su textura y materialidad como del papel brota líneas invisibles y escurridizas.

El movimiento que ejercitamos por el espacio es circunstancia del tiempo que tardamos en hacernos de las imágenes. Nuestro acercamiento es performático, corporal, casi gimnástico. Esto constituye una apreciación visual específica sobre el modo en que nos aproximamos a obras que cambian su apariencia (o su aparecer) a partir de nuestro movimiento. Hay una manera de mirar que no es meramente óptica, sino también, y fundamentalmente, háptica: el ojo que toca. La mano quiere corroborar lo que el ojo táctil percibe en un volumen a punto de desarmarse por un leve soplido o una imagen cambiante por efecto de cierta luz, en cierto momento del día. La vista óptica es, definitivamente, una visión de la distancia y de la fijeza. Optamos entonces por la visión háptica que es cercana, íntima, interrogativa y dinámica. Intentamos, de alguna manera, corroborar lo que la vista nos dice sobre dibujos pasajeros, sobre el tiempo pictórico del camping y el hogar o innumerables fosilizaciones de objetos íntimos.

Las representaciones inestables se posan sobre el recuerdo, un territorio donde todo se convierte en objeto y la dispersión de imágenes trata de armar una cronología siempre equívoca. Mientras que en los estantes el tiempo queda en una dimensión flotante, en la montaña de arena la composición de objetos estériles hundidos sobre una superficie igualmente estéril construye un instante en ruinas, un amontonamiento de tiempos. Estamos en una sala en la que el tiempo simula ser el artífice de las formas. En este horizonte la pintura de tiempo se desdobla y la obra de Mariana se percibe entre el tiempo (su transcurrir) como una línea serpenteante donde los objetos quedan suspendidos en el espacio y la pintura como un campo espacial amplio para la construcción de imágenes.

Clarisa Appendino
Curadora


La muestra inauguró el miércoles 7 de junio y se puede visitar hasta el 2 de Julio de 2017

Lunes a viernes de 12 a 20, sábado, domingo y feriado de 17 a 20h





Espacio de Arte Fundación OSDE
Oroño 973 (4° y 5° Piso) - Rosario

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