Lo sublime en lo banal

Una palabra muy romántica, “Sempiternamente” (“lo que durará siempre”), es el título del libro de fotografías de Virginia Molinari que fue presentado el pasado 22 de Abril en el “Gran Reactor” de Rosario.




Lejos del tipo de grandeza e infinito que pretende representar Caspar Friedrich en su pintura “El caminante sobre el mar de nubes”, de 1817 (obra canónica del romanticismo del siglo XIX donde un mar de nubes a los pies del caminante expresa lo sublime), estas fotos ponen en el centro los pequeños detalles de la cotidianeidad: un adorno pasado de moda, una mano en un guante de látex, esas cosas banales que normalmente se retiran del campo visual. Pero hay una diferencia entre lo banal, y lo sublime en lo banal, y hay que encontrarlo en la obra, entre bodegones, retratos, campo, ciudad, interiores. Enigmático en su insignificancia, cada detalle es un punto revelador sobre el que me da curiosidad preguntar.





— ¿Qué te hace fotografiar esto?
—Es mi intimidad, mi círculo íntimo, no voy mucho a lo desconocido. Representa mi mundo y el de otros también. Pero no tanto por lo de “exponer” al que fotografío, por ejemplo, cuando hago retrato. Sino que pienso que otro ve una foto mía y se puede sentir identificado.
Molinari me cuenta que mirando a Miranda July (artista visual estadounidense) la puede comprender desde otro lado. “No soy ella, no llevo su vida”, aclara, pero reconoce que cuando encontrás empatía sucede algo. “Es ella trabajando con algo que conoce…cerca”. Dice lo mismo de Petra Collins (fotógrafa canadiense), quizás por lo autorreferencial que aparece también en la obra de Virginia.
Me confiesa que nunca trabajó sobre la idea de hacer un ensayo: “son imágenes muy naturales. Con el libro establezco un pacto con el lector, lo invito a mi intimidad”.



— ¿Por qué la elección de este soporte?
“Siempre me pareció que el libro era el mejor soporte para esta obra”, responde y explica que piensa al libro como “una obra en sí”; una forma de hacer circular su trabajo editado de una manera. “Además, tiene otro encanto el soporte papel. Lo podés oler, lo podés tocar, lo podés guardar. Tenés una experiencia mucho más íntima como espectador, sobrevive al tiempo… Por eso creo en el formato papel y libro”, asegura.

Son fotos que viene tomando desde el 2011 hasta el 2016, pero con el paso del tiempo la edición fue mutando. El primer boceto lo hizo un diseñador amigo, y luego sufrió sus variantes. La selección final de las 59 fotos que aparecen publicadas la hizo junto a Andrea Ostera y Cecilia Lenardón, ambas fotógrafas y docentes rosarinas que conocen bien su trabajo. Fue como: “bueno tengo todo esto…vamos a elegir”, asegura Virginia.

La artista trabajó siempre con cámara analógica, en 35 milímetros. Luego, las fue a escanear para pasar a un archivo digital en el estudio de Gabriela Muzzio, también docente y fotógrafa rosarina.

Virginia Molinari nació en Rafaela en 1989. En 2011 vino a estudiar a Rosario, donde se licenció en Producción y Realización Audiovisual. Desde adolescente, muestra interés por la fotografía y el arte. El primer taller que hizo fue en el fotoclub de Rafaela. El último, “De escritura melodramática”, con Dani Umpi. Dice que se jubiló de los talleres, aunque este año fue seleccionada y becada para participar del programa de cine de la universidad Torcuato Di Tella.

Como varios de lo que están en este ambiente, sabe que todo se logra con tiempo y mucho trabajo. Y es cierto que hace un tiempo ya, como “el arte no sólo es la obra”, se han creado montón de puestos alrededor suyo. Virginia, además de fotógrafa y artista, es una activa gestora. Dirige con Clara Esborraz “Fuerza y Posibilidad”, que empezó el año pasado como un fanzine de arte, y que hoy en día también se dedica a editar y difundir trabajos de artistas.

“Sempiternamente” es una edición de “Fuerza y Posibilidad”. Se imprimió en Fervil impresos, en papel obra, en offset digital. Antes de que salga a la luz en Rosario, el libro estuvo con “Fuerza” en “Plana”: Festival Internacional de Publicações de São Paulo, en marzo de este año. Seguirá en la Isla de ediciones de arteBA (del 24 al 27 de mayo en La Rural), donde participará en el sector “Independientes”. En Rosario se consigue en el club de calle Moreno 477, donde además comparte espacio con la librería “Mal de Archivo”.

“El libro es una obra en sí”, retomo. No es insignificante decirlo. Hay que entender que esto es una traducción. Se parte del negativo y se llega a un escaneado digital. Ese archivo digital que vemos en una pantalla, va a una máquina que lo imprime, y ahí lo vemos en papel. Fueron varios bocetos hasta encontrar el tono y color deseado… “Se trabajó mucho a la par con el diseñador”, aclara Virginia.

El diseñador final es el rosarino Andrés Yeah. “Le pedí que mantenga la textura de los libros antiguos”, cuenta la fotógrafa. Están en la primera página, por ejemplo, y en la retirada de tapa, las tramas. El libro incluye dos trípticos (foto Nº 7). El lomo desnudo es una cita a la revista “Perdiz”, de España.

Otro detalle. A la fotógrafa le encanta escribir manuscrito. Quería ese gesto presente. La letra de “Sempiternamente” es de Andrés. Se fueron al taller de Tati Babini y copiaron en cada portada el título de la publicación, en serigrafía, número por número. “La imprenta no podía creerlo”, recuerda.

Además de este libro, Virginia Molinari expuso en el Museo Municipal de Arte Urbano Poggi, la galería Embrujo y el Centro de Expresiones Contemporáneas de Rosario. Fue seleccionada con su obra “Dedicatoria” en la mención Red Sport en el 94 Salón de Mayo del Museo Rosa Galisteo de este año.




—Virginia, ¿qué es lo que durará siempre?
—Las fotos durarán por siempre. Los momentos. Es como un álbum de cariño. El acto fotográfico (como un instante) ahora es para siempre.




Gran Reactor
Moreno 477 - Rosario
@granreactor

por Sebastián Joel Vargas, 24 de Mayo de 2017
compartir