Juan Pablo Rosset en La carpinteria

Retrato. Juan Pablo Rosset en La carpinteria desde el sábado 1 de octubre de 2016 hasta el lunes 31 de octubre de 2016.



Recogía huesos en los osarios y turbaba con dedos sacrílegos los tremendos secretos de la estructura humana. En una pieza aislada, en una celda, mejor dicho, situada en lo alto de la casa y separada de todos los demás departamentos por una galería y una escalera tenía mi taller de creación inmunda.
Frankenstein, 1818. Mary Shelley








1. la estructura humana

“pensar en lo de adentro, sin piel, sin cobertura”
JPR, 2016

Juan Pablo se define como un constructor. Conocí en profundidad su trabajo en unas reuniones de artistas de la ciudad. Reuniones en las que hablamos a partir de nuestras producciones, dudas, errores y aciertos. Es carpintero-artista o artista-carpintero pero en su carpintería no solo se cortan maderas. La madera es la carne del árbol y la estructura que habitan hojas, pájaros y bichos. La gomaespuma es carne de colchón. Él se fascina con la madera: mientras explica el funcionamiento de la máquina hace un gesto con las manos, luego habla de la veta que queda a la vista una vez que el durmiente pasa por la circular. También se deslumbra con la gomaespuma, sus ojos brillan al intentar describir el degradado de color que descubre cada vez que corta un colchón.
Pero no es sólo eso. Estamos en un espacio de trabajo que guarda el estar y trabajar actual sumado al de sus antiguos habitantes. Capa sobre capa se acumulan historia, carpintería, trabajadores, colchones, memoria, habitantes, durmientes, Juan Pablo, amigos, máquinas y visitantes. Una superposición, un Retrato múltiple.



4. una ciudad donde (no) entra todo

Lejos estamos de la Ginebra y la Ingolstadt del siglo XIX, ciudades en las que Frankenstein creó su criatura. Pero algo comparten con la ciudad de La Plata del siglo XXI: no tiene estructuras para alojar las producciones de la época. Y acá no pienso solo en los trabajos de Juan Pablo, ni en las de sus colegas. Pienso también en esas producciones que no se muestran pero que todos sabemos que existen: producciones de talleres en los barrios, intervenciones en marchas, experiencias íntimas, experimentos cotidianos, etc.

En los últimos años me crucé con algunas experiencias que desbordan mucho las prácticas artísticas de las galerías y museos locales. Hace unos meses fui a la casa de Vero Pastuszuk cruzando la vía. La invitación llegó de boca en boca, era para un máximo de seis personas. Al llegar tuve que esperar en el patio de su casa, luego ella nos dió una linterna a cada uno del grupo y entramos a una gran habitación. El espacio estaba habitado por una obra, una producción situada que Vero realiza desde hace muchos años. Y no voy a describir nada más porque desconocer es parte de la experiencia. Pienso también en la obra que Juan José García presentó en su casa en el barrio Altos de San Lorenzo hace ya unos años. Una casa que se volvió espacio de exposición y obra a la vez. También pienso en Clara Tapia que, desde la performance y la danza, se vuelve otra pieza clave para entender las dinámicas limítrofes de la ciudad. Unos días antes de esta muestra presentó una obra en un arroyo olvidado y otra en su casa que se transmitió por streaming. Años atrás realizó varias veces Clara Boliche, una experiencia participativa en su casa (tampoco voy a describir nada porque el título lo dice todo).
Podría seguir nombrando diferentes experiencias estéticas que ocupan espacios fuera del institucional campo del arte: las ya históricas muestras ambulantes organizadas por la Grieta, la presentación de revista boba en un club deportivo de barrio, la exposición de Andrea Suárez Córica en Berisso, las muestras de los talleres de arte en los clubes (como las del San Martín), las acciones en las diferentes marchas y particularmente el gran despliegue de artillería comunicacional/contracomunicacional estética que se realiza en cada marcha de López. Todas acciones y experiencias que cobran sentido con su contexto, dando mayor potencia sensible y reflexiva. (O al menos ver toda esta suma de cosas –aparentemente desconectadas– puede ayudar a pensar una escena mucho más compleja).






2. recoger de los osarios

“de movida me genera rechazo encontrar un colchón en la calle, pero lo levanto”
JPR, 2016

Juan Pablo junta colchones de la calle. Colchones cansados, usados, desechados, mojados, marcados, pelados, en carne viva.
Recuerdo cuando visitaba a mis abuelos de niño, tenían un colchón cansado, una pieza de gomaespuma que guardaba perfectamente el contorno de sus cuerpos. Podía acostarme del lado de mi abuela, sentir su peso, su contorno, toda su corporalidad grabadas en el colchón, luego cambiar de lado y sentir a mi abuelo en el vacío.
Los colchones guardan memorias de esos cuerpos. Retrato busca retomar lo que genera rechazo. Crear nuevos objetos (¿sujetos?) con la materia y su memoria.
Cortar la gomaespuma con la máquina. Separar la goma de la espuma y luego la volver a unirla. Coser las partes con alambres que luego se vuelven pelos. Apretar en la morsa una porción de colchón con otra y esperar hasta que cicatricen. Parados, acostados, enredados, apilados, enfrentados, así presenta cada experimento en la sala. Manipula la materia hasta que la hace familiar. Con la misma pasión que el Dr. Frankenstein, vuelve a darles vida. Genera retratos de almas anónimas, olvidadas.



5. otros lugares para exponer

Hace un tiempo, mientras estaba de viaje me preguntaron por los lugares de exhibición de la ciudad de La Plata. La pregunta era si había muchos lugares para exponer y si se necesitaban más. Me quedé pensando y dije que no sabía si se necesitaban más, pero lo que me animé a afirmar fue que eran necesarios otros lugares. Espacios que permitan la experimentación y el ensayo de diferentes prácticas estéticas y sean capaces de abrir otras sensibilidades.
La ciudad tiene sus pequeñas galerías que dan lugar a cierto tipo de producciones. Muchos artistas encuentran en ellas un buen lugar para comercializar sus producciones y adaptan sus trabajos a tamaños más pequeños o invierten en marcos más coquetos para poder atraer al comprador. Estos espacios tiene la virtud de hacer crecer la producción en pequeño formato y los artistas se queden en la ciudad, trabajando en la esquina de la mesa de sus casa. Realizan trabajos que muchas veces funcionan bien en un living o un dormitorio. Los museos y espacios institucionales de exposición de la ciudad no gozan de buena salud, la inercia y la burocracia hace que se estanquen y sean cada vez más aburridas y sin-sentido sus exposiciones. La mayoría de las veces, cargan sus agendas de muestras que no arriesgan nada y suelen utilizar sus paneles y paredes para colgar cuadros de la colección porquesí u obras de vetustos salones disciplinares que alimentan dicha colección. Entonces ¿qué pasa con los trabajos de productores estéticos que no hacen obra en pequeño formato ni para salones?. Muchos productores que no se sienten identificados con estas formas de circulación encuentran a 60 km, en Capital Federal, un circuito (pequeño) que reconoce y da lugar a este tipo de obras. Sucede que Capital Federal tampoco es una cosa de locos y allí el lobby feroz sumado el amor sin crítica terminan devorando la posible subjetividad transformadora de los artistas. ¿Estoy muy pesimista? sí. ¿Es desalentador el escenario? sí. Pero todavía queda algo de esperanza.





3. el taller de creaciones inmundas

todavía me resulta chocante manipular esto”

JPR, 2016

Cruzando uno de los bordes del cuadrado histórico, positivo y “perfecto” de la ciudad de La Plata se encuentra la carpintería. Un galpón con grandes, pesadas y antiguas máquinas que pertenecían al Nicolás Cortese –padre de Alejandra Cortese, una amiga de Juan Pablo–. El taller quedó abandonado luego de la muerte de Nicolás. Hace un par de años un proyecto colectivo en el que todos ayudan re-activa el lugar, vuelven a encender las viejas máquinas, traen algunas nuevas y se ponen a trabajar.
Juan Pablo no está solo. La carpintería es un lugar habitado por muchos y muchas. Además de sus compañeros con los que hacer muebles, es posible encontrarse en el espacio con habitantes circunstanciales. Personas que ocupan un rincón, una mesa, una máquina para realizar sus producciones. Una vieja carpintería, un espacio re-activado colectivamente desde la productividad y el afecto. Convive la realización de una mueble para una nueva cervecería con un experimento artístico de alguno de los habitantes. Y, en el caso de Juan Pablo, esas viejas máquinas pensadas para cortar maderas se vuelven máquinas para su creación inmunda. Cortan ahora esa materia latente, aún chocante. Mientras tanto, en el patio caen paltas maduras de un gran árbol –en temporada los visitantes se van con un souvenir para la cena–.


6. ¿dónde cabe la producción?

Frente a la burocracia del circuito artístico la pregunta se convierte en ¿cómo generar espacios que nos contengan? espacios que sean capaces de potenciar nuestras ideas y deseos. Espacios de riesgo, donde podamos practicar formas que no caben en otros espacios consolidados y viciados como las galerías y los museos. Espacios que comprometan nuestros cuerpos y nuestras ideas.
¿Se puede ser artista sin la legitimidad de las instituciones? Tal vez no, pero sí se pueden practicar nuevas formas de hacer y de relacionarse. Cada vez más vemos en la ciudad artistas que organizan sus propios espacios, abren sus casas, ensayan experiencias en la calle, etc. La ciudad tiene una larga historia de acciones y prácticas fuera de los circuitos consolidados: desde los señalamientos de Vigo, pasando por colectivos como Tu kk & Pelusa o LULI, las muestras ambulantes, las acciones de colectivos relacionadas a la segunda desaparición de López o al femicidio de Sandra Gamboa, festivales de danza contemporánea y podríamos proyectar la lista mucho más.
Aún se puede hacer algo. La filosofía del “do It yourself” parece tomar cuerpo en esta idea. Parece que en la actualidad, sin los contactos suficientes, sin un creativo statement, una buena redacción y una imagen personal canchera es difícil ser artista. Frente a esto es necesario poner a funcionar la imaginación, desarmar las dinámicas con las que nos movemos, ser conscientes de que cada decisión (como así el lugar donde exponemos) influye en la experiencia estética tanto del espectador y como en la del productor.



La carpinteria
Calle 2 #1993,
(entre 72 y 73)
La Plata

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