Josefina Carón y Juan Reos en Piedras

Autor de la reseñaramona , 13 de Septiembre de 2016
MuestraJosefina Carón y Juan Reos en Piedras
EspacioPiedras Espacio
Artista(s)Juan Reos | Josefina Carón
Técnica(s)Instalación | Objeto | Pintura
Inauguración10-09-2016 19:00
Cierre15-10-2016 19:00

La exigencia de una obra abierta a todos es la de detenerse ante ella algo más del tiempo que toma mirarlas. Porque se perdería mucho de lo que son si sólo nos quedáramos con la hermosa paleta con la que nos quiere seducir, el esmero en la factura de sus cuadros, la precisión con la que reproduce sus motivos. Con suaves modales, Josefina Carón nos quiere poner a pensar: cuál es la continuidad entre sus apariciones distintas, como curadora, galerista, pintora, no-pintora?

Cómo se llega a ser un autor?

"Qué difícil todo" de Josefina Carón



Su facilidad para ponerse al servicio de otros me alarmó una vez y le dije un montón de pavadas. “Te van a comer!”. Y cosas así. A lo que ella me responde invitándome, amorosa y brava, a escribir este texto y a prestar atención a una forma propia de resolver ese común dilema.

En general el joven artista se encuentra muy temprano con la tarea de afirmarse en medio de la selva de arte. El miedo de no ser percibidos los hace a veces gritones, si no quién los va a escuchar en esa conversación de todos con nadie? Lo raro de Josefina es que elige una forma difícil de aparecer–y si, muy difícil todo!-sin perder la elegancia ni el humor. No confundamos su actitud con timidez o con nomeimportismo. Conseguir atención con voz suave es la manera de su exigencia. La fe en los espectadores es muy grande, confía en ser vista por ojos atentos, no imponiéndose “acá estoy!” sino invitando con cortesía extrema a separar la paja del trigo sin por eso dejar de lado uno u otro.

Porque, si hay una materialidad en una obra mental como la de Josefina es la de las relaciones. Unas son entre sus cuadros. Lazos secretos, chispitas de amarillo y beige. Eso permite que objetos tan distintos como un camino, una blusa y un empapelado se saluden sin hablar como si fuesen una banda de amigos que se reconoce por el corte de pelo o las zapatillas desatadas, signos sutiles de la grupalidad profunda.

Otras relaciones son las que sus cuadros tienen con el mundo de sus propios amigos, reales o imaginarios, a los que deja lugar en sus telas afitrionas. Incluso hay un plato servido para alguien que pasó y dejó un grafiti.

En donde todos se agolpan a tontas y a locas para encontrar un asiento en el vagón de contados asientos del pequeñísimo mundo artístico local, Josefina Carón cede el paso. Qué respiro! Aplica mesura la bella Josefina a la irracional pelea por lo poquito y nada.

Cada pintura compone un universo de fragmentos, cuando no uno por separado de su contexto e inmolado allí sin excusa aparente. Como piezas mezcladas de distintos rompecabezas pone cerca imágenes de ella, otra o cualquiera. Mezcladas, mas no revueltas.
Diríamos, como pensaba Lukács, que ello se debe a una experiencia fragmentada del mundo, debido, decía él sobre la literatura de vanguardia, al modo fragmentado de la producción capitalista? Me permito, a partir de la obra de Josefina, poner en duda su hipótesis. Quién percibe el fragmento si no es quien anhela la totalidad? No hay fragmentos si no es en relación a una totalidad. La pasión política de Josefina es solo un signo de eso. Por eso digo que su pintura está hecha de relaciones. Sigo.

Robo a no se quién (Freud?) la idea de que la primera infancia es la totalidad perdida a la que todos queremos volver y lo buscamos incansablemente por el resto de nuestras vidas. Pero como mi soberbia de escritora intérprete no tiene límites, me permito también retrucar a ese autor que no me acuerdo bien quién es (más y más soberbia del crítico). No se si todos tuvimos una infancia tal, eso es lo que objeto. Pero sí o sí, es el caso de la pequeña Josefina cuidadora de Cafayate. Amo <3.

Mariana Cerviño





"Intervalos" de Juan Reos

"Por desgracia la poesía carece de decorados. Estamos obligados a tener la experiencia sólo de lo que ocurre ahí, en los poemas, y que en ocasiones puede llegar a ser tan gratificante como los decorados en el teatro, pero nunca tan hermosamente secundario." John Ashbery

El primer gesto que se lee en la muestra de Juan Reos es un desplazamiento hacia el espacio. De la bidimensión de la pintura que este artista realiza desde sus comienzos, a este trabajo donde se arrojó a pensar objetos por afuera del plano. El volumen hace que los objetos puedan mirarse desde distinto ángulos, revelen sus curvas, sus frentes y perfiles, sus misteriosos anversos. ¿Será un gesto teatral, como suele decirse ante un ademán exagerado, dramático, cargado de histrionismo? En principio no, porque los artefactos concebidos por Reos son pequeños, casi miniaturas. Una pequeña dimensión que no minimiza su rotunda decisión de avance hacia el espacio en un grado de acabado del que pueden decirse muchas cosas. Hay que detenerse largo rato en cada pieza para contemplarla en toda su magnitud, descubrir los matices hechos con manos de orfebre delicado.



Es que la mirada es central en el trabajo de Reos. Con su fiel adscripción a la pintura como medio primordial, viene encarnando escapes individuales a la larga crisis y pervivencia de ese lenguaje entendido como el mayor en las artes visuales –desde el ya antiquísimo advenimiento de la fotografía, a la eclosión en la segunda mitad del siglo XX de los géneros y formatos en el campo visual. La problemática de la representación está viva en sus pinturas que suelen tender sutiles engaños al que mira, lo obligan a preguntarse por lo que ve en ese cuadro, por la relación entre eso y el mundo, entre eso y el arte contemporáneo, entre eso y la enorme cantidad de vínculos posibles hacia la historia de la pintura.

Así llegamos Intervalo. Su autor parece sugerirnos que este gesto es de interrupción, un parate en la obra que viene desarrollando, por este mencionado desplazamiento hacia el espacio. Sin embargo también aquí la mirada también se torna central, incluso más. Nos encontramos con piezas pequeñas que juegan con el imaginario del teatro. Algunas se muestran en pedestales y pueden recorrerse circularmente, otras cuelgan de la pared conservando sólo un lado oculto. No hay actores, pero sí mini espacios escénicos más o menos imaginarios, un lujoso palquito, un pequeño público en estado de expectación, pinturas plegadas exhibidas sobre el glamoroso paño con que se hacen los telones, objetitos abstractos que podrían ser fragmentos abandonados de escenografías o partes de un todo que permanecen al costado de una escena…



Sabemos que el término griego theatron significa el lugar desde donde se ve la escena. Y lo que vemos en Intervalo nos incita a acercarnos a las piezas. Mirar íntimamente su contextura, donde no hay abandono de la pintura como lenguaje, porque las superficies siguen siendo pintadas. Es ahí cuando el artista juega su pequeña provocación: todo lo aurático del teatro, más lo aurático de la pintura al óleo se chocan con el ostensible cartón del que están hechas las piezas. Cartón pintado, como suele decirse para dar cuenta de algo frágil, superficial, sin demasiada solidez. Una modalidad denunciada en la muestra, que deja algunos reveses en cartón desnudo, para mostrar justamente lo precario del procedimiento. La pobreza suele ser uno de los elementos del teatro argentino: cartón pintado, ataduras de alambre. Así parecen salir adelante las cosas.

Volvemos a mirar estos objetos teatrales diminutos, volvemos a preguntarnos ¿Qué tiene el teatro que aportarle a la pintura? ¿Qué tiene la pintura que aportarle al teatro? O en todo caso, ¿Qué es lo que encuentra Juan Reos en el teatro para atraerlo y hacerlo dialogar con su pintura?

Un dialogo escénico debe estar rodeado de tensión. No puede ser una mera charla. El dialogo aquí, donde no hay personas ni personajes, es entre los materiales. El cartón y el óleo vendrían a ser los representantes máximos de lo pobre y lo noble. Es entre ellos que se establece la tensión. Una ficción entre dos personajes que son también los materiales de muchas de las pinturas de Reos, que toman aquí una dimensión anímica, misteriosa, se desplazan, engañan al espectador.

Mercedes Halfon



"Un artista que es también un ilusionista" por Auraticas




Inauguración Sábado 10 de septiembre de 2016 a las 19 hs


Piedras Espacio
Avenida Rivadavia 2625 piso 4 - CABA

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