Una visión del arte argentino

Opera Prima. Artistas varios en Casa Nacional del Bicentenario desde el viernes 13 de mayo de 2016 hasta el lunes 11 de julio de 2016.

Para Opera Prima, los organizadores se plantearon el objetivo ambiciosísimo de dar a conocer al gran público la camada más nueva de artistas argentinos.

Opera PrimaEl jurado, integrado por Andrés Duprat, Raúl Flores, Mónica Millán, Liliana Piñeiro y Valeria González, seleccionó el trabajo de 51 artistas jóvenes. Venidos de todos los rincones del país, fueron elegidos de entre los más de 2.000 que respondieron a una convocatoria de proporciones federales.

Opera Prima es la primer gran exposición en la Casa Nacional del Bicentenario luego del cambio de gobierno a fines de 2015. Sin embargo, la génesis de este proyecto se encuentra en el Centro Cultural Kirchner, donde originalmente iba a exponerse, y la recepción de carpetas se remonta a octubre de 2015. La idea es por lo tanto muy anterior al cambio de gobierno, con lo cual la libertad de una realización propia queda constreñida por las dificultades de lidiar con una herencia que, dadas las circunstancias, es como mínimo compleja. Este peso político relativo quizás explique lo prolijo en el montaje y la presentación, y el glamour de la recepción. O tal vez se deba a la dirección de Valeria González y equipo. Como fuere, esta claramente pertenece a ese puñado de exhibiciones de arte de las cuales nadie dudaría en decir que está “bien hecha”.

La presentación de las obras no es temática, y el espectador es invitado a visitar la muestra sin seguir ningún recorrido particular. La cantidad y variedad de trabajos se hubiese prestado bien a una guion curatorial más elaborado, pero haber usado el arte para darle cuerpo a una narración mayor habría erosionado la posibilidad descubrir las personalidades individuales de los artistas. Me imagino el enfado de muchos curadores que se habrán regodeado ante la idea de apropiarse del discurso de la exposición, pero aplaudo a la Casa del Bicentenario por haber superado la tentación de introducir temas que excedan las intenciones de los artistas.

En cuanto a las obras, hubieron varios trabajos que me llamaron la atención. Autorretrato con cabeza aplastada, de Santiago Gasquet, es un dibujo ilusionista y meticuloso, con toques de grotesco. Si bien la obra pareciera estar cimentada en el virtuosismo de la realización, el estar apoyado directamente sobre el suelo, el enmarcado absurdo, y la orientación no intuitiva hablan de intereses de otro tipo. Aunque sospecho a un purista del dibujo que hizo un agregado a su práctica artística para darle un aire más vanguardista, la presentación atípica logra en efecto producir un cortocircuito interpretativo que la vuelve difícil de rubricar.

Opera PrimaAl margen del juego de palabras, la instalación Grafito sobre papel, de Sofía Noble, se interesa en la ambigüedad entre lo real y lo representado. En un gesto que me recordó al personaje que se fuga de la película en La rosa púrpura del Cairo, de Woody Allen, una pantallita montada sobre la pared muestra una mano que ralla maniáticamente lo que pareciera ser un trozo de grafito. La imagen simula dejar caer el material pulverizado sobre una suerte de torre de papel apilado bajo la pantalla. El efecto es entretenido, y casi logra justificar el desperdicio de las múltiples resmas de papel.

Javier Soria Vázquez ejecutó una performance que introdujo en el clima de la muestra un elemento disruptivo que me volvió consciente muy rápidamente sobre el contexto particular en que se estaba dando el evento. Haciendo retratos de los visitantes de una manera reminiscente de los retratistas ambulantes que suelen transitar lugares de interés turístico, activó un contraste esencial entre lo que es elevado al augusto rol de Bellas Artes, y lo que queda atorado en categorías inferiores. No en vano bautizó Valuarte a una acción que arroja sobre el mantel a los innumerables factores que condicionan el valor percibido de la obra de arte.

Entre otros de los trabajos que me gustaron estuvieron Felíz Cumple, de Roberto Cortéz; Flora hipercósmica, de Andrés Chouhy; y las fotos de de Roberto Riverti.

Por momentos sentí que la exhibición es otra víctima de la moda, y que en algunos lugares privilegia demasiado lo nuevo y “cool” por encima de otros criterios. La selección de ciertas obras pareciera caer en el gusto por un tipo de arte mal entendido en su carácter contemporáneo. Sin embargo, creo que en su mayoría los trabajos son muy buenos (¡Algunos excelentes!). No me fío de las bolas de cristal, pero Opera Prima trae buenos augurios sobre el futuro del arte argentino.

www.axelventura.com

Casa Nacional del Bicentenario
Riobamba 985, CABA
@CNBicentenario

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