Lo inverso a la creación o La explosión de la forma

Un orgasmo matérico, el empaste, la forma, la textura, tentadora hasta el punto que dan ganas de saborearla.
Irónica y disruptiva, la pintura de los años 50 es conocida por ser el invernadero que posibilitará la gestación del informalismo argentino. Pero ahora, en este espacio de belleza casi onírica que es el museo de arte de tigre, debemos detenernos principalmente a degustar las maravillas que resultaron de estos intentos de de-construir la forma.

Los cuadros (para nombrarlos vamos a sujetar estas experiencias a los arcaísmos del lenguajes) crean atmósferas pesadas, paisajes lunares, sinfonías cromáticas. El espíritu revoltoso que propulsó la conformación de un movimiento de artistas hace más de 60 años, todavía hoy sigue vigente, alterando dulcemente los excitados sentidos . No hace falta reconocer las formas para saber de qué nos hablan.

En la sala principal de la muestra, vemos el registro fotográfico de la exposición "Arte destructivo". Arte destructivo fue una muestra colectiva formada por Barilari, Kemble, López Anaya, Roiger, Seguí, Torrás y Wells en la galería Lirolay en noviembre del 61. Las fotografías de la muestra están editadas en un video donde al tiempo que estas pasan se escuchan los experimentos musicales que realizaban algunos de los artistas con instrumentos rotos.

El espíritu rebelde y adolescente de Kenneth Kemble aboga por la destrucción como método artístico.
"Se me ocurrió -se lee en su texto "Arte destructivo"- pensar en lo que pasaría si un grupo de artistas se dedicasen a destruir, a romper objetos u obras de arte, en vez de realizar su labor habitual. Es decir prácticamente intentar el proceso inverso a la creación ".

Invertir el proceso creativo es rebobinar para ver la acción de modo inverso.Legitimar la capacidad de destruir, como una herramienta más de la práxis vital. Chorrear, deslucir, deformar y enzalamar, la pintura se esparce con espontaneidad y palpita en la sala.
Las antiguas catalogaciones - pintura o escultura- quedan caducas. "Creo que hago cosas" explica Rubén Santantonin en su texto "Hoy a mis mirones". Estas Cosas indefinibles son medios para expresarse, para descargar la rabia, para enaltecer la ira, para burlarse de lo obvio, para gritar lo que merezca ser gritado.

Considero que debemos ver estas "destrucciones creativas" como huesos del andamio teórico que sustentó esta generación. Así también creo que es casi una obligación demorarnos más allá de los estímulos sensoriales para percibir lo que nos quisieron hacer ver estos artistas, el caudal enérgico y revolucionario que implica el simple acto de destruir.

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