RE-MAKE RE-MODEL

​Re-make /Re-Model. Gabriela Schevach, Gastón Pérsico, Bruno Dubner, entre otros en DacilART desde el lunes 21 de julio de 2014 hasta el viernes 29 de agosto de 2014.
Si no hay próxima vez, adónde iremos

Hito Steyerl comienza así su libro Los condenados de la pantalla: ‟Imaginá que caés. Pero no hay tierra”. Y efectivamente, lo que destila la muestra RE-MAKE / RE-MODEL ‒obras de Bruno Dubner, Alejo Hoijman, Gabriela Schevach, Alfredo Srur, Gastón Pérsico y Cecilia Szalkowicz con curaduría de Ariel Authier‒, es una especie de filosofía de la ausencia. Ausencia de un horizonte estable, de un piso, ausencia del mundo allá afuera; como si las cosas nos hubieran dejado solos con nuestras propias representaciones. Todas estas obras giran sobre sí mismas ‒sobre sus procesos de generación‒ en un movimiento que es meta y autorreflexivo.
Me siento con suerte es el título de la obra de Cecilia Szalkowicz y Gastón Pérsico en la que a partir de una postal con una publicidad de un perfume, disparan la búsqueda en Google de imágenes similares. El resultado de esta búsqueda concluye en un ejemplar único. Y concluye porque este ejemplar de tapas duras que yace ahí sobre un pedestal de espejos es casi el opuesto de la ductilidad, la flexibilidad y lo efímero de los resultados de este tipo de exploración. La lógica indagatoria de Google, que incluye altos grados de arbitrariedad, tiene ‒además‒ esa cualidad infinita por agotamiento; y lo que el libro consigue es cerrar y detener ese proceso por un lado; y preservar las alocadas y sistemáticas lógicas de la indagación por otro. A medida que pasan las páginas, son las mismas imágenes las que ‒sin epígrafes ni información de ningún otro tipo‒ solicitan distintas lógicas de relación. Aparecen vínculos formales, de asociación por campo semántico, de gratuidad y capricho, de azar: vamos de las aristas de un frasco de perfume a la perspectiva de un edificio, y después a otros frascos, a modelos masculinos, a torsos desnudos, a ...
La obra de Bruno Dubner está levemente dispersa en la sala, y eso ayuda a remarcar el asedio que las define: las huellas de una cacería, de una persecución. El fotógrafo como un voyeur pero no de la ciudad, sino de huellas en la ciudad, como en ese cuento de Poe en el que el personaje se dedica a caminar toda la noche siguiendo la vida de las avenidas más populosas, y rehuyendo la soledad urbana de las calles secundarias, esa soledad del sujeto recién alumbrada. En la obra de Dubner hay arrastre, hay plantas que reptan y ahogan, hay acarreo y signos de movimientos solapados y sórdidos; hay también marcas chorreantes, en caída sobre el papel. La fotografía como un rastro de lo que fue, como una supervivencia módica y fallida de los seres, como un signo de muerte en proceso.
Las dos copias de la misma foto ‒369. HABITACIÓN PARTICULAR EN LA QUEMA DE BASURA/BUENOS AIRES S.A, de H. G. Olds‒ son los fragmentos visibles de la obra de Alfredo Srur, que consiste no tanto en las imágenes que vemos en la pared, sino en la pasión coleccionista de un fotógrafo que se posa en la obra de otro que es su antecedente histórico. La obra es una obsesión (el modo contemporáneo de venerar) por una imagen a la que se persigue y que adquiere un sentido caprichoso (¿por qué esa y no otra?); es una obsesión y su exhibición: un altar con ‟imágenes paganas”. Pero, es cierto, la búsqueda arqueológica de la placa de vidrio original de la imagen de H. G. Olds y su ampliación, esa ‟superficie significante” hoy, en el 2014, arrastra la zarandeada aura de Benjamin. La exhibición doble de la imagen, además, toma todo el aspecto pasional, histórico y documental y lo convierte en una pregunta por la reproducción, por la copia, por el original (¿Qué era esta imagen en las expectativas de Srur, antes de ser copiada, allá fija en una placa de vidrio?).
En el video Imagen, invisibilidad y visión, de Gabriela Schevach, suceden dos cosas: personas vinculadas a la fotografía hablan en off por un lado, mientras podemos observar la manipulación, el juego, la erótica en definitiva, de dos manos con diferentes dispositivos fotográficos. Hablar y jugar, hablar y desentrañar la fotografía, hablar, jugar y hacerse preguntas con máquinas de escribir en fichas viejas: lo que queda es una fría nostalgia de lo analógico, un intento de dilucidar por qué nos fascina tanto, y dónde está el misterio en eso que es plástico, metal, emulsión, película, aparato. Un intento, en definitiva, por decodificar las imágenes de la flusseriana black box y llevar adelante una crítica de las imágenes técnicas contemporáneas.
Las dos ventanas que abre Alejo Hoijman en su video escenifican la relación entre palabra e imagen. Alguien ‒de frente‒ cuenta algo que no vemos. La ‟historia” que nos cuentan las dos imágenes que se proyectan al mismo tiempo es el rostro de quien habla a izquierda, y una nuca a la derecha. Nada está inmóvil. Los cuerpos se mueven pero no cargan información; son las palabras hechas cuerpo las que indican algo en el fuera de campo, pero el fuera de campo no termina de interesar, no cobra fuerza. El ‟relato” es, finalmente, la boca que vemos hablando, la gestualidad del hablante, el tono de voz que escuchamos, los giros, los tics. El que habla es nuestro pasaje a una historia que sucede entre él y nosotros. Y la imagen de una nuca en esa proyección de la derecha que obtura la vista no nos deja olvidar el dispositivo: el estallido de puntos de vista provocado por el cubismo y que hoy aparece como esos horizontes deslocalizados de los que habla Steyerl cuando cae; o, en otros términos, esa certeza de lo real que alguna vez estuvo vigente y que se fue de nuestros mapas simbólicos y visuales y dejó a la incertidumbre como sistema.
RE-MAKE / RE-MODEL despliega con un gran equilibrio las condiciones en las que se da la representación, le da cuerpo a algo que no lo tiene a través de una hibridez de procedimientos y presenta una línea curatorial sobria y coherente; y tal vez ahí radique su efectividad conceptual: no evita la sensualidad de la materia, el vínculo afectivo con las cosas, el recuerdo y la fuerza de los referentes, pero se mueve también hacia la sensibilidad construida por los mecanismos (el artista incluido) y sus procesos. Como el RE-MAKE / RE-MODEL de Roxy Music: Looking back all I did was look away / Next time is the best we all know / But if there is no next time where to go [Cuando miré hacia atrás, lo único que hice fue mirar más allá / La próxima vez es la mejor que conocemos / Pero si no hay próxima vez, adónde iremos].


RE-MAKE / RE-MODEL es un ensayo sobre la vacuidad de las imágenes en tanto remiten a un mundo que parece ya no estar ahí.

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