Gabinete de curiosidades

Propiedades personales. Marisa Rossini en Casa Colmena desde el lunes 16 de junio de 2014 hasta el martes 15 de julio de 2014.

Una cita de una cita fue una de las primeras cosas que se me vino a la cabeza para comenzar esta reseña, y ésta es la que Foucault hace de Borges en su célebre libro “Las palabras y las cosas” donde dice que:

“los animales se dividen en (a) pertenecientes al Emperador, (b) embalsamados, (c) amaestrados, (d) lechones, (e) sirenas, (f) fabulosos, (g) perros sueltos, (h) incluidos en esta clasificación, (i) que se agitan como locos, (j) innumerables, (k) dibujados con un pincel finísimo de pelo de camello, (1) etcétera, (m) que acaban de romper el jarrón, (n) que de lejos parecen moscas”.

Mientras que Foucault se vale de esta cita como una metáfora para hablarnos de la ilusoria correspondencia entre las palabras y las cosas, de cómo el conocimiento es algo construido y que no existe algo así como la Verdad, la empresa de Marisa es mucho más humilde, su obra no atenta contra el lenguaje humano en general, pero sí lo hace contra otro orden, con otro lenguaje que no es ya el de las palabras, sino el del arte y dentro de este el que se maneja en su comercialización en las casas más importantes de subastas como Sotheby’s y Christie’s. Esta ruptura le sirve para crear un nuevo orden: el suyo propio y el de nadie más.

La risa que provoca esta serie no sacude todo lo familiar al pensamiento, pero sí la seriedad, los códigos y –por medio de ellos- la pretendida objetividad de algunos circuitos del arte. Con un impostado espíritu taxonómico realiza clasificaciones imposibles, catalogaciones ridículas de objetos, figuras e ideas extraídos de viajes, mudanzas y vivencias personales; estas cosas constituyen fragmentos del universo de Marisa, fragmentos a partir de los cuales realiza constelaciones transfiguradas en colecciones. Estas obras que nos presenta no son otra cosa sino el intento –absurdo, sí- de proteger estos objetos en apariencia intrascendentes, de conjurarlos contra el olvido, incluyéndolos en una colección con “Propiedades personales”.

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