La condición humana

Ron Mueck. Ron Mueck en Fundación PROA desde el sábado 16 de noviembre de 2013 hasta el domingo 23 de febrero de 2014.

Las esculturas “personajes” de Ron Mueck reproducen fielmente los detalles del cuerpo humano, pero juega con la escala para crear imágenes y escenas que nos sacuden al mejor estilo “efectos especiales cinematográfico” al enfrentarnos a situaciones paradójicas. En primera instancia nos resulta inevitable recordar la novela de Jonathan Swift e identificarnos con Gulliver, o nos sentimos enanos frente a gigantes o gigantes frente a enanos. Pero ya sea como gigantes o como enanos, intimidados -de algún modo- frente a esos otros que se ven y se muestran más humanos que nosotros. La otra instancia, es el extrañamiento, nada es lo que parece ser a simple vista, y lo atractivo comienza a volverse horroroso y sin embargo no podemos alejarnos. Seguimos contemplando esos personajes-escenas, como si nos reflejáramos en algún espejo, o recordáramos algo celosamente ocultado, o visitáramos otro momento de la historia del arte.
En ciertos artistas es más evidente que en otros el preciosismo y detallismo esmerado con que trabajan sus obras. Sobre todo en aquellos cuyo arte es figurativo, y más aún si se trata de escultura. Es el caso de Ron Mueck, hijo de familia de jugueteros, que aprovechó su talento para desarrollar creaciones plásticas de un realismo sorprendente, para iniciarse profesionalmente en el mundo del cine. Sus figuras eran diseñadas para ser fotografiadas desde un ángulo muy específico, ocultando así el desorden de la obra vista desde otro ángulo. Sin embargo, Mueck con más frecuencia deseaba producir esculturas que se vieran perfectas desde cualquier ángulo, obsesión que indefectiblemente lo orientó hacia la perfección de su técnica.
El video de sesenta minutos que completa la muestra en PROA, nos muestra al hombre trabajando en el taller, la delicadeza con que manipula los materiales que utiliza y la paciencia y perseverancia que dedica a cada una de sus piezas. Arcilla, resina de poliéster y fibra de vidrio para formar una capa rígida, luego la fibra fue sustituida por silicona, realzando el realismo de las esculturas, que una vez secas, se lavan, para ser coloreadas con pintura acrílica y recibir la meticulosa aplicación de pelo de caballo. Esto le permite obtener tal grado de veracidad, que asombra ver arrugas, imperfecciones de la piel, ojeras, arrugas, várices, uñas descamadas, músculos, pestañas, barba crecida, una frente aplastada por una mano... el resto es un conjunto de 9 esculturas que ocupan todo el espacio de PROA, y conforman un casi un tercio de la producción de la obra del artista. Lo que no es poco y da cuenta de la magnitud de esta exhibición, así como también del tiempo y del trabajo de Ron Mueck.
Ni realismo, ni hiperrealismo, mucho menos surrealismo. Ni retrato, ni ni naturaleza muerta, ni costumbrismo. Ni vanguardia, ni político, ni POP, ni expresionismo, ni figuración.
Simplemente... defectos y virtudes de la delicada y humana perfección.

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