Um restaurante de Ariel Cusnir en Galería Oscar Cruz (San Pablo)

Um restaurante. Ariel Cusnir en Galería Oscar Cruz desde el sábado 23 de noviembre de 2013 hasta el viernes 31 de enero de 2014.
La muestra inauguró en San Pablo (Brasil) el sábado 23 de noviembre

Todo lo que brilla sobra

Voy por un túnel que está atestado de muñecas que me empujan sin mala onda. Muñequitas con sombreros

de copa, llenos de champagne. Es la inauguración de Ariel Cusnir, casi todos cuadros transparentes, con la

belleza del vidrio donde la luz relumbra un instante, se posa y luego salta de una imagen a otra. Cuelgan

arañas de gruesas cadenas de oro de los techos. Cuelgan dicroicas de sogas de platino. A una de las muñecas

se le ocurre que nos saquemos los sombreros. Y todas lo hacemos, cada una a su ritmo. Se derrama en el

piso gran cantidad de champagne. Una de las muñecas, la más fina, se me acerca y me dice “hola”. Yo la

miro entre los cinco dedos de una de mis manos. Los abro y cierro, los abro y cierro para seducirla más, y

la saludo: “hola”. Ella me toma de la cintura y me arrastra hacía donde hace más frío, hacia lo oscuro. Mis

pies dejan profundos surcos en el piso porque es de arena. Si me pierdo tal vez alguien pueda encontrarme,

siguiendo mis huellas. De repente me doy cuenta que la muñeca no posee pupilas, ni siquera los dos ojos

enteros. Tiene dos mitades que si una las pudiera unir formarían uno solo ojo casi completo. No sé por qué no

siento miedo sino pena. Me confiesa que las personas huyen de su mirada. Yo no le contesto nada. Desde acá

miro los cuadros de Ariel, son tan bellos y a la vez tan distantes… Pienso que la vida se ha detenido un poco

en ellos. Este arte no nace de la nada, ni del azar. Su pintura es pura reflexión, puro presente. Y cada escena

como que nos interroga sobre el misterio de las cosas. Al rato la muñeca y yo volvemos siguiendo los surcos

y borrándolos con las palmas de las manos y las rodillas para que nadie nos persiga. En el salón brillan las

copas de cristal a medida que las muñecas las chocan haciendo chic-chic. ¿Nadie quiere creerme?

Fernanda Laguna, Francisco Garamona
(Ministerio del Misterio)




Las luces

Son muy buenas, muy bien puestas

de muy buen gusto.

-Para qué el cristal?

me pregunto.

Ella no me responde,

tal vez ella tampoco lo sepa.

Y también es obvio.

“Todo lo que brilla sobra”

La electricidad proviene de las vías del ferrocarril.

La muestra es a unos metros antes de llegar a la estación del tren.

Hasta mañana por la mañana no pasará ninguno.

Nadie se puede volver,

estamos todos y todas aislados por cinco horas de las luces de la ciudad.

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