"La magia de Ron Mueck"

Autor de la reseñaAna María Labuntés, 19 de Noviembre de 2013
MuestraRon Mueck
EspacioFundación PROA
Artista(s) Ron Mueck
Técnica(s)Otras
Inauguración16-11-2013 19:00
Cierre23-02-2014 19:00
Se inauguró en PROA la exposición tan esperada de Ron Mueck. El recorrido incluyen 9 obras todas ellas figurativas con una alta minuciosidad en cada detalle de terminación.

Se inauguró en PROA la exposición tan esperada de Ron Mueck. El recorrido incluyen 9 obras todas ellas figurativas con una alta minuciosidad en cada detalle de terminación.

Mueck nació en 1958 en Melbourne, Australia, pero actualmente reside en Londres, en donde tiene su pequeño taller. Su trabajo es meticuloso. No cuenta con educación artística formal, pero proviene de una familia que fabrica muñecas.

Según su curadora, en los trabajos de Mueck "no hay narrativa, no hay retrato, no hay involucramiento del artista con la psiquis de los personajes.
El artista plantea un espacio para que surja la subjetividad del espectador, de esta forma es el espectador quien cierra el mensaje.

Así se crea esa magia, esas “grandes historias” se van construyendo en cada uno de nosotros; nos generan expectativas que intentamos descifrar en cada centímetro de las esculturas.
El espectador se encuentra envuelto en una atmósfera inquietante. Su asombro se escapa de sus ojos, cada detalle del escultor, desata una sonrisa pícara y cómplice.
Como en una foto familiar, nuestra niñez se antepone a nuestros ojos. Esa pareja enorme de ancianos, nos empequeñece. Nos hace sentir como cuando éramos niños y pasábamos con nuestros abuelos las vacaciones.

Nos vemos atrapados en la mirada de ese bebé que se encuentra contenido en su madre, cuya mirada esta absorta, esa madre contemporánea que es multifacética pero que está atenta y cuida a los que ama.

Con cada escultura podemos construir esa comunión de historias que nos relacionan con el escultor.

Un recorrido que despierta nuestra imaginación porque alude a lo no visible, a lo no narrado, nos abre la puerta a nuestra curiosidad.

Ana M. Labuntés

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