Pulsión religiosa (fin de la cita)

Autor de la reseñaalejo campos, 21 de Agosto de 2013
MuestraArgentina
EspacioMuseo de Arte Moderno de Buenos Aires (MAMBA)
Artista(s)grupo Mondongo
Técnica(s)Otras
Inauguración02-06-2013 19:00
Cierre02-09-2013 19:00

Me parece que Mondongo perdió algo acá (y claro que no me refiero a una integrante del grupo original). Como en una muestra anterior [http://www.ramona.org.ar/node/27285], hay "plastilina e hilos, todo refundido en un hipertónico photoshop manual”, pero falta o se perdió en gran parte “el double-bind, el pliegue retórico y divertido entre el brillo hedonista de la distancia media y el primer plano procaz o macabro” -aquí reducido a una zapatillas y unas calacas aisladas. ¡Eso era muy divertido de ver!; ahora, en cambio, parece imponerse un sesgo serio, un desliz a lo sublime, muy precisamente: figura humana monumental y paisaje posthumano.

Mauricio Kartún recomendó visitar la muestra desde fb:"a veces le resulta difícil a los artistas que se entienda esa bizarra relación entre tiempo, esfuerzo y rédito que caracteriza a lo que suelen hacer -esa sobreinversión de horas, de angustia y de guita a la que los lleva su religiosa pulsión, ese impulso inexplicable a veces en el otro terrenito, en el profano. Si se lo querés explicar a alguien con un ejemplo llevalo a ver el bellísimo, sorprendente y desmesurado mural Entre Ríos del inefable combo Mondongo: 45 metros de obra escultural hecha sin esponsoreo en 4 años de laburo y pagando cada mes un crédito con el que comprar las toneladas de plastilina con la que esculpirlo. Y para una obra que no está a la venta.”

Pulsión religiosa, dice Kartún, ¿no es una gran idea? Él quiere decir otra cosa, pero creo que a la vez describe muy bien lo que se le cayó a Mondongo. Una pulsión tiene su fuente en una excitación corporal (y en Mondongo siempre hay cuerpo): su fin es suprimir ese estado de tensión por medio de un objeto. La pulsión es la sustituta del instinto (eso ya resuena a algo), pero a diferencia de aquel, no tiene un “objeto natural”, entrampada en la representación y sustitución imaginarias. El objeto pulsional es antinatural, electivo, rasga la pantalla: el que imponía Mondongo en obras anteriores era un corte y un descarte (cambio de escala y residuo metafórico), que en una obra desmesurada ofrecía descargas de tensión y sentido provisorias. Ahora la pulsión, para no quedar dividida entre la distancia brillante de la manía y la cercanía del 1º plano escatológico, se vuelve un poco compulsiva, religiosa: trata de religar, salvar la división, quizá persiguiendo un fin más alto y una imagen menos autoindulgente, menos neurótica o adolescente, vaya a saber. A mi me gustaba más la otra. Aquí abruma el control pixelar del hilo y la plastilina (un par de experimentos con cera y carne ahumada se agradecen porque recuerdan preguntar que pasó con la promesa de que “la caca nos espera, dentro de una busca de materiales que se abre como infinita”). La simetría (la argentina avenida de agua en el panel central del panóptico panorama, la in-evitable pesadez ejemplar tipo "rothko chapel"), da una fuerte nostalgia por aquellas representaciones + abiertas y perversas, quizá afectadas de erotismo infantil y de ingenio superficial -y por lo mismo, me parece, cargadas de un afecto + ecuménico (aunque suene paradójico). La diversión corre sus riesgos, y la seriedad el suyo.

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