La intriga eterna sobre el futuro

Bajo un título más que ambicioso, un recorte testimonial sobre la mesa redonda que tuvo lugar en Proa el sábado 15 de junio de 2013 como parte de las actividades en torno a la muestra Algunos artistas ARTE ARGENTINO 1990………………HOY.

Aclaración importante: El no mencionar explícitamente los nombres de todos los participantes de la mesa redonda y referirme solamente a sus roles NO está relacionado a valoraciones de ningún tipo. Se trata solamente de utilizar una estrategia que contribuyera a describir los hechos tal cual fue mi interés en este caso.

La sala del auditorio de Proa estaba semi-oscura. Yo tenía una ubicación privilegiada: fila 2, asiento 6 (en el medio). Veía perfectamente a los participantes de la mesa redonda (que en verdad era rectangular), solo a ellos. Al resto de la audiencia de la que formaba parte la intuía detrás de mí, me parece que eran muchos.
Contando a Leo Estol, eran tres los artistas argentinos que estaban sentados a la mesa, ubicados a uno de sus lados, uno al lado de otro frente al público. Una curadora/historiadora/teórica del arte estaba sentada en uno de los costados pues oficiaría de moderadora.
Sobre la mesa, de cara al espectador y en correspondencia con cada participante de la mesa redonda, había sendos cartelitos en los que constaba el nombre de cada uno de ellos. La charla estaba ligada a la muestra actual exhibida en la institución: Algunos artistas. ARTE ARGENTINO 1990………………HOY. En el futuro inmediato era de esperar que el discurso se desprendiera de las siguientes preguntas sobre el arte argentino: ¿cuáles son sus particularidades en las últimas dos décadas? ¿Qué características tuvo el tránsito de los 90 a los 2000? ¿Qué relación hay entre la producción local y su contexto social y político? ¿Qué comparación puede establecerse con los lenguajes artísticos internacionales?
La curadora/historiadora/teórica del arte presentó a los participantes (dio sus nombres y un breve currículum de cada uno). Después, hubo algunas vacilaciones en el comienzo, ¿quién hablará primero? Leopoldo propuso comenzar: “traje algo escrito” -dijo-. Los demás aceptan.
Entonces hubo allí una serie de deslizamientos, o más bien de deslices. El artista sacó unos papeles. Se paró y caminó hasta colocarse frente a los cuerpos de los demás integrantes de la mesa redonda y frente a su propio nombre, del otro lado de la mesa. Desplazó su cuerpo en el espacio para girar 180 grados en relación a su posición anterior. Un movimiento sencillo para los que todavía podemos caminar. Un gesto del cuerpo entero, teatral, des-ubicado, casi coreográfico, que entraña poco gasto de energía. Y allí nace la puesta en intriga : la forma de la mesa redonda/rectangular queda entonces desfigurada. Acto seguido Leo se sienta de espaldas al público. En la continuidad del conjunto que arman el pelo y el sobretodo negros se convierte automáticamente en una silueta oscura, como de teatro de sombras. Un cuerpo extraño.
Se disculpa por dar la espalda y comenta que es preferible, para evitar esa incomodidad, cerrar los ojos y escuchar.
La “escena total” queda armada de la siguiente forma: Hay equis cantidad de cuerpos sentados, atentos a lo que pasa (imagino que algunos cierran los ojos, otros, como yo, los entrecerramos para no perder detalles, otros hacen caso omiso a la consigna y los mantienen abiertos). Todo ese conjunto somos el público, miramos para el mismo lado, hacia los artistas (entre los asistentes seguramente hay artistas, pero su rol en ese momento es ser exclusivamente público). En un plano que podría llamarse intermedio está Leopoldo, mirando para el mismo lado que los asistentes pero en una relación más próxima al resto de los artistas de la mesa redonda, que siguen de cara a la audiencia pero, esencialmente, ahora lo miran a él.
Por un rato, Leopoldo abandona el plato del que le tocaba comer en la mesa y saca los piecitos del círculo cuadrado de la mesa redonda.
Tengo una pésima memoria. De lo leído por el artista recuerdo algunas frases, algunas palabras. Anunció al comienzo que “el texto es un poco trosco”. Mencionó la palabra plusvalía, también habló de quinientos pesos cobrados por formar parte de la mesa redonda, de Techint sacando dinero a sus empleados para devolverlo a la sociedad en forma de arte, de él mismo y su pasado, cuando discutía con Diego Bianchi por los derechos autorales de las obras que hacían en conjunto, de su intervención actual en la Cooperativa Guatemalteca en la villa 31… en fin, y como para acotar este testimonio, se podría decir que era un texto fuera de lugar, que señalaba algunas cuestiones que no estaban contempladas en el marco pautado para esta charla…
Finalizada la lectura, Leopoldo vuelve a su lugar original en la mesa redonda, el público aplaude tibiamente (siempre se aplaude en esos casos, aún cuando uno de los integrantes de una mesa redonda realiza su exposición de una forma no esperada).
No hay comentarios sobre lo leído ni los habrá.
Vuelven los titubeos, la intriga no se reveló, todo lo contrario, se acrecienta, no hay desenlace. La intriga es una de las modalidades de la relación con el futuro, dice Marc Augé en Futuro. Sin desenlace entonces aparece un momento suspendido.
Después se retomó la charla, de lo que se habló ya no me acuerdo casi nada…
La mesa redonda está adentro de Proa, y Proa está incrustada en la circunstancias que nos toca vivir, que también incluye la intriga.
Me fui sintiendo que mantenerme en equilibrio en un borde incierto le demanda mucha energía al cuerpo, ubicarse casi en la periferia del círculo del arte y de las mesas redondas. Estar un poco más junto a todos los demás, en consonancia con lo que le pasa a la gente, que solo a veces es público de arte.

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