De los escraches, a los dibujos


Fotos y crónicas de los juicios a genocidas
Publicado en el libro: Acá se juzga a genocidas. Dibujos, Crónicas y Fotos
(Colección Memoria, Verdad y Justicia). 2012

La historia de los intentos de hacer justicia por estos crímenes comenzó hace mucho tiempo y se sigue escribiendo. Podemos decir que empezó en pleno genocidio, por ejemplo, con los abogados que se comprometieron y tramitaron hábeas corpus por los desaparecidos. Los juicios de ahora no son los primeros: en 1985 se hizo el Juicio a las Juntas Militares. Pero duró poco: las Leyes de Obediencia Debida y Punto Final, y los decretos de Indultos dejaron sin efecto las condenas a los represores que habían sido juzgados. Así, en 1995, los genocidas estaban sueltos, y gestamos H.I.J.O.S., reuniendo a hijos e hijas de desaparecidos, asesinados, ex detenidos-desaparecidos, ex presos políticos, exiliados y todos aquellos que compartimos la idea de que somos todos hijos de la misma historia.

Cuando mediaban los años 90 la impunidad flotaba en el aire. Es más: hablaba en vivo y en directo por televisión. Así vimos y escuchamos al genocida de la ESMA Adolfo Scilingo contar sobre los siniestros “vuelos de la muerte”: “La Armada Argentina decidió que los prisioneros que tenía dentro de la ESMA fueran eliminados arrojándolos al mar desde aviones navales. El Suboficial abrió la compuerta trasera y a partir de ahí fuimos arrojando una por una a todas las personas esas al vacío. (…). Yo participé en dos vuelos y soy responsable de 13 personas en el primero y 17 en el segundo”.



La justicia se había vuelto impunidad. Los genocidas caminaban por las calles y nos los podíamos cruzar en cualquier lugar. Por eso decidimos construir una herramienta colectiva: el “escrache”. Esta práctica política, con un fuerte anclaje en el arte, nos hermanó con colectivos artísticos, murgas y organizaciones con las que conformamos mesas de trabajo. Salimos con los vecinos a decir dónde vivían los genocidas (“Acá vive un genocida”), a construir condena social para que, por ejemplo, el médico obstetra Jorge Luis Magnacco – que participó en partos clandestinos en la ESMA – no siguiera siendo empleado del Sanatorio Mitre. O que a otros dejaran de venderles en los negocios del barrio: el escrache, la memoria puesta en acción, buscaba que el barrio del genocida fuera su cárcel.
Es fundamental resaltar el carácter colectivo del escrache. Estábamos los hijos, las madres, las abuelas, los padres, los familiares, los sobrevivientes y también los vecinos, las agrupaciones de las facultades, las organizaciones políticas, los que se sumaban porque compartían la idea de que “Si no hay Justicia, hay escrache”. Se trataba de poner en evidencia a los represores, de sacar a la luz lo que intentaba estar oculto: asesinos, torturadores, violadores, apropiadores de niños, médicos y curas cómplices. Los genocidas no eran juzgados porque había leyes, producto de una decisión política, que les garantizaban la impunidad. Pero fuimos encontrando formas alternativas de construir justicia y condena social.
Una vez lograda la nulidad de las Leyes de Impunidad en 2003 y la declaración de su inconstitucionalidad en 2005, se pudieron abrir y reabrir procesos judiciales contra los responsables de los delitos de lesa humanidad. Después de muchos años de luchar por Justicia, esa de los Tribunales, el Juicio y Castigo a los genocidas fue tomado por el gobierno de Néstor Kirchner. Esto marcó una etapa nueva en materia de memoria, verdad y justicia. Y un nuevo desafío como organización: conseguir los juicios y consolidar la condena social. De esta manera, llegaron los juicios a genocidas. Eso que nos parecía la utopía para seguir andando, el horizonte siempre lejos, estaba cerca, empezaba a ser real. En febrero de 2012 llegaron a 268 los represores condenados y más de 800 los procesados. Somos vanguardia en el mundo en materia de justicia por crímenes de lesa humanidad: la Argentina está juzgando a sus propios genocidas.
El escrache había hecho lo suyo y llegó el momento de la justicia para romper la calma de los verdugos que reposaban en la impunidad. La memoria del pueblo hecha juicios obligó a los represores a moverse, a sacudir sus trajes viejos y sentarse en los banquillos de los acusados. Secuestros, allanamientos ilegales, tormentos, violaciones sexuales, torturas, robo de bebés, homicidios, robo de bienes, todo esto ejecutado como una práctica terrorista sistemática desde el Estado.



Siempre trabajamos para que se conozca quiénes son los represores. La difusión de sus rostros, sus prontuarios, sus actos genocidas, fue parte fundamental en la construcción de la condena social. Pero con los juicios tenía que darse la posibilidad de otra imagen: la del represor ante la justicia, sin impunidad, respondiendo por sus crímenes, escuchando las acusaciones de sus violaciones a los derechos humanos. Y también la de los sobrevivientes y familiares de los desaparecidos con la posibilidad de verlos, de sentir justicia.
Esa escena es necesaria para todos, porque los crímenes de lesa humanidad son daños a la sociedad: lesa significa dañada, herida. Pero es una imagen oculta en los medios de comunicación. Llegaron los juicios y pensábamos que serían nota de tapa en todos los diarios, que los flashes de las cámaras serían constantes, que los noticieros los iban a tener en la agenda del día, que los juicios se iban a transmitir en vivo y en directo por televisión. Pero no. Las empresas de comunicación prefieren ignorar las “buenas noticias”.
Entonces se nos abrió un nuevo y gran desafío: lograr la difusión de los juicios. A la falta de apoyo de la mayoría de los medios masivos, se sumaron las restricciones de los Tribunales: prohibiciones y limitaciones para las fotografías y limitaciones para las filmaciones. La Corte Suprema de Justicia de la Nación (CSJN) emitió una Acordada, la 29/08, para estipular criterios de “publicidad” de los debates por delitos de lesa humanidad. A partir de esto, cada Tribunal hace una interpretación, que en muchos casos no está a la altura de estos juicios históricos.

Con mucho camino colectivo andado en la búsqueda de estrategias y grietas, nos juntamos a pensar cómo lograr lo que debería ser: la plena difusión de los juicios a represores, garantizando el derecho a la información. En 2009 lanzamos la campaña “Yo me pongo la camiseta por el Juicio y Castigo a los genocidas”, convocando a músicos, actores, periodistas, agrupaciones, a hacer público su apoyo a los juicios. También, en articulación con muchas organizaciones, facultades, organismos de derechos humanos, periodistas, medios de comunicación independientes y estatales, compañeros y compañeras, fuimos organizándonos para sacar del anonimato a los genocidas en los juicios y para que todo el pueblo fuera partícipe de ese momento histórico. En la Mesa por el Juicio y Castigo surgió la propuesta de convocar a "dibujar (en) los juicios". Y así empezamos una campaña para que los debates salieran a la luz, para sacarlos afuera de los edificios de los Tribunales y que sus imágenes fueran públicas, accesibles, y generar un registro subjetivo de los debates.



Llevamos la iniciativa al IUNA (Instituto Universitario Nacional del Arte) y a las Facultades de Ciencias Sociales y de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Estudiantes, dibujantes y fotógrafos empezaron a participar en las audiencias, generando un relato colectivo de esa vivencia. La noticia empezó a ser la “no-noticia”: lo “novedoso” pasó a ser la estrategia de mostrar los juicios de otras maneras, desafiando al silencio cómplice, con las voces para la verdad. Uno de los reparos de los medios audiovisuales para tomar las imágenes de los juicios fue la calidad: eran filmados por policías. El 29 de diciembre de 2009 la CSJN y el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) firmaron un convenio marco de colaboración para que el Instituto filmara los juicios orales y públicos a genocidas. Sin embargo, este gran salto cualitativo en la imagen no resultó motivo suficiente para que los medios audiovisuales transmitieran los debates. Cuando nos referimos a los medios de comunicación tenemos que resaltar el gran apoyo a la lucha, y en particular a la difusión de los juicios, por parte de muchos medios alternativos o comunitarios. Es honroso el compromiso de muchos medios y periodistas que militan por el Juicio y Castigo a los represores.
Estamos viviendo el momento histórico del Juicio y Castigo a los genocidas como realidad. Todavía falta mucho, pero el camino está empezado y va a seguir. Si la impunidad nos llevó a buscar y encontrar formas de construir condena social, ahora estamos construyendo relatos sociales de los juicios.
Este libro representa una construcción sobre un momento determinado de este proceso de justicia. Y se sigue escribiendo entre todos, para que sigamos participando en los juicios. Hay que dar el paso, ir a las audiencias, abrir la puerta, sentarse y mirar, escuchar, sentir, oler, pensar, llorar, abrazarnos, reír, recordar, vivenciar.
Al momento del cierre de esta publicación hay numerosos juicios orales y públicos a genocidas. La historia está ahí, ahora, en una sala de alguno de los Tribunales. Videla está siendo juzgado por robo de bebés en la Ciudad de Buenos Aires; Capdevila por crímenes en la ESMA; Ramón Díaz Bessone en Rosario. Otros culminaron en sentencias hace poco: Losito en Chaco (Masacre Margarita Belén), Lucero en Mendoza, Baigorria en Corrientes. Algunos como Durán Sáenz murieron antes de la sentencia.

Te invitamos a estar. A venir a dibujar, escribir, fotografiar. Estos juicios son de y para la sociedad. Porque el Juicio y Castigo por los crímenes de lesa humanidad fortalece la democracia y marca un orden sobre las cosas: los derechos humanos deben ser garantizados, no violados. La justicia, a través de los jueces, está dando la palabra necesaria para construir la historia con memoria, verdad y justicia. Los genocidas están siendo juzgados y condenados, y eso es para siempre, para que nunca más se cometan genocidios, ni acá ni en ninguna parte. Y para que toda continuidad de esas prácticas, como el gatillo fácil o la trata de personas, sea erradicada.
Con estos juicios se está condenando el plan económico, político, social y cultural por el que se masacró y desapareció a 30.000 personas. Se está condenando el terrorismo de Estado. Y también se están contando las historias de los compañeros, reivindicando sus luchas, su compromiso, su militancia por un país para todos.


Vení a los juicios, tu presencia es importante.
Porque a los genocidas los juzga un Tribunal y los condenamos todos y todas.

H.I.J.O.S.
A 36 años del golpe cívico-militar.

La condena social es fundamental para que los juicios sean posibles.

Consultá el cronograma actualizado de todas las audiencias e información de la II Convocatoria Modelo Vivo en Comodoro Py en: http://www.Hijos-capital.org.ar

Muestra coordinada y producida por:
Curadosdespanto y el programa de radio La lucha que nos parió - H.I.J.O.S Capital FM 88.7 La Tribu, Lambaré 873

Ciclo curadosdespanto: Karina Granieri, Agustín Blanco, Mercedes Guagnini, Ignacio Amespil y Aidana Rico Chavez. El ciclo cuenta con la Beca a Proyectos Grupales del Fondo Nacional de las Artes.


DIBUJAR (EN) LOS JUICIOS
Azul Blaseotto, Daniela Ruggeri, Esteban Canepa, Eugenia Bekeris, Eva Cuevas, Federico Geller, Ivan Gamazo, Javier Suppa, Julian Pesce, La Prima, Leonardo Vallejo, Liliana Medela, María Ximena Iñesta, Matías García, Silvia Bargallo

















por H.I.J.O.S., 11 de Diciembre de 2012
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