Comunes y suspendidas, las cosas.

Todas las cosas eran comunes . Gabriel Chaile en Alberto Sendrós desde el jueves 9 de agosto de 2012 hasta el domingo 9 de septiembre de 2012.

Arcilla, esponja, mármol, goma, cemento, acero, vidrio, vapor, tela y cartílago, tinta, ceniza, cáscara de huevo, grano de arena, primer día de otoño, la palabra primavera,número cinco, golpe en la cara, la rima rica, la vida nueva, la edad media, la fuerza vieja,hasta tú, mi querida materia, ¿te acuerdas de cuando éramos apenas una idea?
(Paulo Leminski)

La sala en silencio. Ladrillos tallados para anidar serpentinas de cuarzo, dan calor. Las estufas que hacía su padre.
Una multitud de pequeños retratos, exquisitos. El árbol familiar. Todos de perfil, melancólicos. Contemplando es como fuimos cambiando.

Herramientas de construcción en pedestales de terracota. La suspensión. Suprimir la utilidad primaria de las cosas. El equilibrio y la distribución. Niveles de cobre y andamios. El propio sentido del mundo. La ingeniería de la necesidad: a partir de lo tengo, pensando en lo que me falta. Aspectos complementarios de una misma realidad: forma y fondo, continente y contenido, ser y parecer, continuo y discontinuo, esencia y existencia, etcétera. Para mantener la vida, volver al atrás.

Alguien dice que le emociona este ofrecimiento. Reza y construye. Su cama está aquí, elevada por aquello que ha transformado su sentir; su cama mesa refugio escenario confesionario. “Me interesa otorgarle forma a esas sensaciones que tengo de lo que representa mi mundo y el modo en el que se articulan las cosas allí, según mi imaginario”.

A veces nos escribimos. Tengo guardados los chats, porque me gusta la poesía, y porque a veces también aparecen manifiestos: “Creo en el poder, en el poder que depositamos en las cosas y en el que nos otorgamos nosotros; no somos más que la fuerza de lo que quieren otros y no somos menos que la fuerza que tenemos nosotros mismos”, escribió Gabriel el 4 de marzo a la madrugada.

En mi casa todo es pequeño. Entonces dibujé. Yo dibujaba. ¿Por qué? Porque en mi casa todo es pequeño. Te lo he regalado. No tan pequeño. Necesité mucho tiempo. Pude poco a poco enterarme de todo (…) Los retratos lo más parecidos posibles. No estoy seguro de tener éxito. Allá es demasiado pequeño. Debo de haber envejecido. Cada día sabía algo nuevo (…), subrayó de “El Principito”; y todo estaba ahí, haciendo equilibrio, en suspensión.

Todas las cosas eran comunes.

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