Los libros son mis hijos (1)

De Manet y nuestros días. Santiago Villanueva en Peña Galería desde el miércoles 30 de mayo de 2012 hasta el domingo 29 de julio de 2012.
Primera parte de la reseña sobre la muestra doble en Peña Galería.

Los libros son mis hijos
sobre De Manet a nuestros días de Santiago Villanueva y Alexis Brisa de Nicolás Sarmiento en Peña Galería, 30 Mayo al 28 Julio de 2012

Hasta el 28 de julio en Peña Galería conviven dos muestras separadas por una escalera. En el subsuelo está Alexis Brisa, dibujos nuevos en gran formato de Nicolás Sarmiento. En el primer piso, Santiago Villanueva rememora hitos de la historia del arte en su instalación De Manet a nuestros días. El recorrido de las dos plantas es parecido y hay huecos entre los dos pisos que unen los espacios. Uno en la esquina, si se fijan, y otro en el espacio central de la sala que permiten que desde arriba y desde abajo se pueda espiar una muestra mientras se recorre la otra. La escalera es un buen lugar para pensar entre las muestras y se puede bajar y subir todas las veces que uno quiera.

La idea de la pintura como un libro

De Manet a nuestros días pasaron muchas cosas y hemos tenido la compulsión de poner en libros muchas de ellas. Las que creemos más relevantes, las que tienen mejores fotos, sobre las que se ha escrito más, las relacionadas con guerras, con fronteras, con planetas distantes. Detalles bien situados y situaciones excepcionales por igual. Todo eso hay en libros y si confiamos en que el libro es nuestro transmisor mitológico, es probable que lo libros digan más sobre nosotros en el momento de escribirlos que sobre la historia.
El libro de Santiago Villanueva, un rectángulo inmenso con el que uno se choca cuando llega al primer piso de Peña Galería descansa en su vitrina como un fósil. Puede que el día que vayamos nos muestre un plano de color o una combinación de cosas que parecen puentes o árboles o globos de cómic en acrílicos saturados y precisos. No sabemos, el libro de Santiago Villanueva se mueve lentamente y de vez en cuando cambia sus páginas porque antes de ser un fósil era un animal muy grande y muy lento. Un libro de pintura, literalmente. Enorme y pesado como esos volúmenes encuadernados que se alinean en las bibliotecas: “Historia del Arte Universal”, “La Pintura Impresionista”, “El Arte Moderno”. Libros donde abundan las mayúsculas, las cronologías y las fechas que nos ilustran hitos imprescindibles en la construcción de la Historia del Arte. Pero si hay algo que sabemos de este lado del mundo es que Universal escrito con mayúsculas casi siempre quiere decir europeo. En estos libros enormes también se ve el proceso por el cual Europa hizo acopio de la mayúscula como Estados Unidos hizo acopio del dólar, haciendo de un valor particular un valor universal de medición.
Levantando la vista del libro de Santiago Villanueva vemos la ilustración de esta idea: una serie de reproducciones de cuadros de Autores Famosos. Sobre esto, Villanueva dice:
“La idea es hacer una especie de Historia del Arte Universal pero a partir obras que estén acá, como uno la puede armar yendo a museos o con el material que tiene disponible. En un libro de recopilaciones de Laura Malosetti Costa dice Pio Collivadino que con las colecciones y las obras de artistas que había en Buenos Aires ya no era necesario viajar a Europa. Como que uno podía ver un Goya acá y hacerse una idea de lo que es Goya. Esa idea me gustaba, de obras secundarias o completamente falsas.”
En el movimiento entre el libro y los grabados de la pared uno puede ver también qué parte de la construcción de estos hitos eternos nos corresponde, qué sentimientos despiertan estas cosas sobre nosotros y sobre los demás que viene a la muestra: ¿queremos nombrar esas obras? ¿nos sentimos bien o mal si no las conocemos? ¿nos importa? ¿lo decimos o nos da vergüenza? ¿cómo juzgamos las pinturas del libro? ¿nos produce respeto una vitrina, distancia, horror?.
No es una reflexión sobre la Historia del Arte. Aclaremos esto. Es arte sobre la Historia, uno de los materiales más abundantes para los artistas argentinos. Nos pone en contacto directo con los sentimientos encontrados, las sospechas, las frustraciones y los pequeños destellos de felicidad que, como los árboles pintados en el libro inmenso, explotan dentro de vitrinas cerradas.

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