proyecto ENDO

Esta mañana pensé por primera vez que mi cuerpo, ese compañero fiel, ese amigo más seguro
y mejor conocido que mi alma, no es más que un monstruo solapado que acabará por devorar
a su amo” (Marguerite Yourcenar, Memorias de Adriano).

Sí, pero a qué amo. A qué poder, a qué violencia devolverá violencia.

Uno de los mitos fundacionales de la cultura occidental es el de un dios que decide adoptar un cuerpo. Pero en cuanto la sociedad lo percibe, tortura ese cuerpo hasta la aniquilación. El dios comprende que hubo un error de cálculo, que no, no fue una buena idea, que si quiere dominar a esa sociedad tiene que llevarse el cuerpo de regreso y, literalmente, hacerlo desaparecer. La mera presencia de la carne desata la ira. Entonces habrá que dominarlos a través de otros artilugios. De lo invisible. Del temor. De la vergüenza. De la nivelación. Nunca más se cometerá el error de hablar del cuerpo. Y si se lo hace, se hará a través del discurso oblicuo de la prohibición. Cada cuerpo es un cuerpo y eso es políticamente ingobernable. La ley necesita universales, definiciones, roles, grandes campos de sentido se ofrecen con mayor docilidad que infinitas unidades cargadas de diversidad: la ley le habla a los “ciudadanos”, les asegura que no distinguirá por sexo o raza, les asegura que no distinguirá.

La filosofía ata los cabos finales y trama una oda a la razón universal, único amarre posible contra la oscuridad de los sentidos. El cuerpo es cárcel y densidad. La razón es luz. Los díscolos dioses griegos, corpóreos y adoradores de una sexualidad infinitamente diversa, son borrados del mapa con un zarpazo del logos, la palabra, que no tiene cuerpo ni deseo.

La era de Occidente empieza con esa desaparición, con ese ocultamiento del cuerpo, sobre el que además pesa una condena.

Pero un cuerpo es un cuerpo es un cuerpo.
Entonces dónde estuvo todo este tiempo, dónde mientras las revoluciones se hacían en
nombre de las ideas.
Solapado como un monstruo que acabará por devorar a su amo.
Desobediente. Disidente. Desorganizado. Anárquico.

El proyecto Endo, de los colectivos artísticos Cuerpo Puerco (Fernanda Guaglianone,
Guillermina Mongan) y Acento Frenético (Diego Stickar), emerge de este rompimiento, de
este quiebre, de este deseo devorador. Introduce el filo de su cámara endoscópica para
hacer visible los agujeros por donde el cuerpo hará implotar una cierta náusea de realidad dicotómica y ordenada. Endoscópicamente.

En una primera fase convoca a los cuerpos a hablar. Pero no con el lenguaje conceptual
que todo lo nivela, sino con la presencia directa de cada uno con sus poros y sus pelos. Se fotografían 53 cuerpos hablantes. Se registra el proceso en video. Se superponen torsos sin rostro. Se crea una imagen que no puede refugiarse rápidamente en ninguna categoría conocida y tranquilizadora, racional, social, filosófica, legal. Se crea una imagen que no puede otra cosa que acontecer indefinidamente, presentificarse.
Se imprimen mil afiches 64 x 46 cm y se interviene el espacio público de La Plata en plena campaña electoral, en plena sonrisa con dientes y promesas. Ellos tienen que saber lo que nosotros sabemos. Es hora. Se intervienen otras ciudades, Buenos Aires, Santiago de Chile – durante las protestas estudiantiles de 2011 –, Rosario, Santa Fé y Santa Rosa, La Pampa. Se hace un video registro de las reacciones de los ciudadanos. La necesidad de definir la imagen.
De decir qué es. La leve sensación de que ya nunca se podrá. La angustia. La imagen de un
ordenanza de la Universidad de Chile que arranca el afiche con fastidio y vergüenza, vete
de aquí, cuervo negro. Para empeorar las cosas y el desamparo de los transeúntes que ven jaqueado su sistema categorial, los artistas usan un overol blanco y no se puede saber quiénes
son. Y el caos, esa palabra.

En la fase 1.2. Endo saca su estudio fotográfico a la calle y lo instala en marchas y eventos públicos para invitar a otros cuerpos a registrar su desobediencia.

La pulsión de visibilización y desarticulación se vuelve hacia espacios en la frontera de lo público y lo privado como el Documento Nacional de Identidad: ¿Es usted o no un Ciudadano Argentino? ¿Es varón o mujer? A lo sumo tendremos la amabilidad de preguntarle cuál casillero prefiere tachar, pero tiene dos opciones. Dos. Le pedimos amablemente que el casillero y la foto denoten lo mismo. Muchas gracias.
Sí pero cómo se pide una foto 4 x 4 que refleje mi ser trans. Cómo.

Endo interviene los mecanismos de normativización estatal. Muestra que problematizar
las identidades no es sólo responsabilidad del colectivo trans. Que todos los cuerpos están llamados a devorar a su amo. Que lo que me hace idéntico es este cuerpo mío, propio, único, el que me porta, el que yo hago.

En la fase actual, Endo exhibe este recorrido en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de La Plata (diagonal 78 Nº 680, Aula 63), en la muestra ¿Cuánto podrán nuestros cuerpos juntos?, que se puede visitar hasta el 24.5. Desde el primer escalón de la entrada, algunas de las ideas que encarna el proyecto guían hacia el espacio de la muestra, curada por Juan Nicolás Cuello y donde se pueden ver las herramientas utilizadas para las intervenciones en la vía pública, los afiches, las fotos carnet, partes del estudio fotográfico móvil y los registros en video.

Endo llama a los cuerpos a juntarse. Endo llama a los cuerpos a devorar a su amo. Devoremos pues.


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¿Cuánto podrán nuestros cuerpos juntos?


Acción realizada por el grupo ENDO el jueves 12 de abril en Facultad de Bellas Artes, UNLP

Artistas:
Fernanda Guaglianone
Guillermina Mongan
Diego Stickar

Curador: Juan Nicolás Cuello

por Luciana Carrera Aizpitarte, 17 de Abril de 2012
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