Orquesta para concierto en “de riva”

Caja China. Andrés Wertheim en ArtexArte desde el jueves 20 de octubre de 2011 hasta el sábado 26 de noviembre de 2011.

La muestra colectiva que se exhibe en arte x arte hasta casi fines de este mes, se escucha como orquesta para concierto en “de-riva”. Caja China, la intervención realizada en el montacargas de la Fundación Alonso y Luz Castillo, funciona a la perfección, tal como Andrés Wertheim la ha nombrado. Al igual que el antiguo instrumento musical de percusión, el “ascensor” por él intervenido alterna en su oquedad entre tonos altos y bajos cuando asciende o desciende, asociando unas con otras las diferentes salas donde el resto de los artistas que lo acompañan dejan oír cada uno lo suyo. Los círculos concéntricos -que revisten como empapelado en un color ácido amarillo verdoso combinado con negro, e iluminados por la mortecina luz blanca- en los que el espectador parece adentrarse en esos breves viajes, recuerdan el pasillo por el que se adentraba el protagonista de aquella serie televisiva “El túnel del tiempo”. Y es que resulta inevitable hacer esta conexión dentro de esa envolvencia no apta para claustrofóbicos, acompañada del percutir del leve ton-ton del montacargas en movimiento vertical junto al desplazamiento por los espacios de arte x arte, de algún modo provocan esa sensación de deriva. Tal como en la famosa serie de T.V., vaya a saber a dónde se llegaba -algo que en realidad poco importaba-, lo importante era ése llegar sin quedarse y continuar viajando a través del tiempo. Ese movimiento del vivir propio de la vida contemporánea que el arte contemporáneo, en el formato de “sites y times specific”, ha convenido en denominar “deriva” para dar cuenta de este original horizonte de época.
Ni flanneurs, ni turistas, ni viajeros, ni extranjeros, ni refugiados. Los artistas trabajan con relatos que convocan los sentidos del espacio y el tiempo para mostrar con sus obras las dicotomías de la contemporaneidad: vinculación/desvinculación, adentro/afuera, figuración/abstracción, radicantidad/desarraigo, abigarrado/mínimo, movimineto/quietud. Así Manuela Montalvo en Fuera, con las imágenes en movimiento y sonidos de su video performance, toma el segundo término de esta lógica simultaneidad dialéctica. Poco más de cinco minutos, para aludir a un algo orignario y latente, que a pesar de su fugacidad pervive en la permanente renovación de su renacer allá lejos, bien al sur, casi mítico. Mientras que en una suerte de contrapunto musical Daniel Kiblisky con Silencio en las Salas… trabaja el primer término de las dicotomías para sus fotografías de toma directa, cuyo eje temático son diferentes salas de lectura y bibliotecas de reconocidas e identitarias Instituciones de nuestro país (facultades, museos, palacios y colegios). Nada de orígenes míticos pero mucho de elaboración en la construcción de mito fundante de una "nación". Sin embargo, en la observación polar de Montalto y Kiblisky la omisión a uno de los términos dicotómicos refuerza aún más la apelación al otro, detalle que potencia aún más las imágenes de los dos artistas.
Por otra parte, Lena Szankay trabaja paralelamente en ambos términos de estos pares dicotómicos. En Serendipia invita al espectador a un recorrido fotográfico que va de Sur a Norte. A la "deriva" por paisajes variados que nada tienen de exóticos, lo obliga a detenerse en cada uno de ellos, porque aquello visual en lo que cada uno hace foco resulta en un hallazgo inesperado, casi mágico. Del mismo modo se adentra en el concepto de “deriva” Marcelo Mendiburu con sus fotografías digitales en Piano rojo, aunque sus paisajes son muy diferentes a los de Szankay, entrnado en comparaciones podría decirse de ellos dicotómicos. Contrapuntísticamente velados, invitan a una "deriva" mental en la que el espectador trata de descubrir qué es lo que se oculta detrás de las superficies de diferente textura -planas o esfumadas- y temperatura - colores cálidos o fríos- valiéndose de los pequeños indicios con los que Mendiburu juega con él, o los “tres ámbitos” como bien lo explica Valeria González en el catálogo para la muestra: “[¿] los renglones de la escritura, las líneas de las partituras musicales [o] las capas de los sedimentos de las excavaciones arqueológicas?” Indicios o ámbitos, ¿dan cuenta de una revelación oculta bajo las profundidades de esas superficies voluptuosamente coloridas? Las imágenes veladas por la abstracción musical, callan algo y la mente "deriva"…
Mientras tanto el espectador continúa su "deriva" en la incertidumbre de un mundo fragmentado y efímero, al sonido del leve percutir del ton-ton de la baqueta en una caja china.

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