Windows de Mariela Scafati.

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Windows de Mariela Scafati.
Intervención rosa en situaciones de peligro extremo

“Hay rosa Dior, rosa Luxemburgo, rosa Sandro, rosicler, rosa chicle, rosa brumoso” me dice Mariela. Se deleita diciéndome los nombres de los colores y mostrándome los grandes paneles “rosas, rojos, corales” que empapelarán las paredes de la galería de su próxima muestra, Windows. A medida que habla, entreveo que hay en la muestra un goce todavía mayor que el de decir y mostrar: se trata del goce que anuda la percepción del color con las expresiones de las palabras. ¿Por qué hay algo más ajeno a los colores puros que las palabras, que vienen a escindir, a molestar lo que se presenta como el grado cero de la pincelada en los monocromos? Entre una cosa y otra, entre el color y la palabra, en ese nudo que sólo se produce en las transversales inesperadas y a la vez deseadas que en la obra de Mariela Scafati fundan la promesa de la política. Pero vamos por partes, porque antes de hacer el nudo, antes de entrar (o salir) en el arte y en la política, hay que ver con qué contamos.

Por un lado, los monocromos: empapelan las paredes, crean el receptáculo, la tabula rosa, la ceremonia, revisten nuestra percepción para hospedar el lugar por el que nos desplazamos. Las referencias estéticas son, curiosamente, las mismas que las de la abstracción de los años cincuenta: Piet Mondrian, Kazimir Malévich, Mies Van der Rohe (¡less is more!). Pero si en los cincuenta lo que importaba era la experimentación artístico-científica, la relación entre el color y la geometría, lo que interesa ahora es la liberación energética de los colores. ¿Qué pueden hacer los colores en un acto o en una marcha? No la ciencia sino la política, no el cálculo sino la acción. Una liberación de la pintura para acceder a la pincelada, a su grado cero: observen de cerca los paneles rosas. Hay algo frenético y a la vez sumamente calmo, adivinamos una obsesión pero también queremos acostarnos en la alfombra para descansar con los colores. Observar la pintura suspendida, la vocación suspendida, la evocación suspendida, el suspense de lo que quedó, del resto, de esos colores que son el último orejón del tarro. Amenaza y promesa: el acontecimiento.

Retorna la tradición geométrica y sus colores puros pero la geometría es desplazada hacia los bordes, a los marcos de las telas y de las ventanas. La pregunta ya no es la misma de los años cincuenta cuando todo giraba alrededor de la esencia de la pintura. Ahora los interrogantes son: ¿dónde comienza / termina una obra y qué significa un marco? ¿cuándo ya no es posible la pincelada? ¿cómo se pone una cosa al lado de otra? Por ejemplo, el color y la palabra, el arte y la política, la obra que terminó ayer y la que hizo hace diez años. En un momento de su vida, a principios de este nuevo siglo, Mariela comenzó a agregar tela a sus cuadros, a desplazar los soportes de madera, a seguir sus geometrías hasta el borde último del cuadro. Ahora hace lo mismo pero ligeramente diferente y esa diferencia es esencial: pinta los paneles, construye una maqueta de la galería y después deberá montar todo no mucho tiempo antes de la apertura. En el montaje, habrá que ajustar obra y galería hasta llegar a los bordes mismos: porque eso es lo que importa en las ventanas, lo que se ve a través de ellas se define por los bastidores que la unen y la separan con el afuera. Windows, ventanas, superposición de tiempos. Por eso el rosa, el monocromo, que es un comienzo, un recomenzar, y la mesa con los cuadros previos a la debacle del 2001, como si en esas abstracciones geométricas coloridas ya estuviese empujando la catástrofe y los nuevos modos de hacer política, porque no hay mal que por bien no venga y porque “la melancolía no es siempre un mal sentimiento”. Por eso también los platos, con su geometría circular y su connotación alimenticia, espacio también de la calma furiosa de los monocromos. Lo que hay que ver en este cuarto rosa-rojo-coral son las relaciones, los juegos entre los bordes. Porque si en los cincuenta para un artista todo sucedía dentro del cuadro, ahora el artista es el que logra combinar la cantidad elefantiasica de información que recibimos y hacer de ella una tabula rosa y también reinscribirla.

“Muchos bordes”, me dice Mariela. “Muchos bordes” y supongo que se refiere tanto a sus estudiantes borders del taller como a sus experiencias de carpintera de los bastidores de sus propios cuadros. Ir con la pincelada hasta que la tela se acaba y extenderla mediantes pincelazos, preguntarse sobre esos límites que se desplazan, se contraen, se expanden.

¿Y la política? ¡Ah, la política! A no apresurarse. No sabemos por dónde va a aparecer la política, aunque es posible que lo haga por los borders. Ese es la primera consigna: el arte no se apoya en una política sino que busca el lugar en el que se produce. Y no sabemos con exactitud dónde sucederá esto: Mariela está atenta a los mensajes de sus amigos, a su trabajo con los niños, a sus apuntes en las libretas. Sus materiales, su campo de acción, lo constituyen diarios personales, periódicos, e-mails, radio, TV, internet, anotaciones en libretas. No sabemos por dónde aparece la política, puede ser en el “streaming permanente” o en la contemplación del rosa. Ahí están las frases que admiten y provocan diversas lecturas: “que sueñes lindo”, “la tristeza de la tierra”, “primavera árabe”, “Amsterdam / Fiorito”, " “it's the end of the world, as we know it (and we feel fine)”, “de retraso” (se refiere a un vuelo), “mar” (rara inscripción del nombre en la obra). Frases que sacadas de contexto adquieren la ligereza impactante del slogan y el misterio de la metafísica. Frases que no entorpecen los colorados rosáceos sino que los liberan. Homero decía que la aurora tenía “rosáceos dedos” y Mariela Scafati nos descubre en ese liminar (aurora rosa) el anuncio de un mundo que ya no será como el que conocemos. La alegría humana sobrevive.

Texto: Gonzalo Aguilar

Agradecimientos:
Ale Star, Equipo Byf, Cecilia Sainz, Centro de Investigaciones Artísticas, Claudio Maroni, Cristina Alvarado, Fernanda Laguna, Francisco Garamona, Gonzalo Aguilar,Guillermina Mongan, Itamar Hartavi, Javier Barilaro, Kiwi Sainz, Lola Granillo, Luciana Rago, Magdalena Jitrik, Mariana Cerviño, Mariana Sarraute, Marina de Caro, Mariela Gouiric, Marcelo Expósito, Mariano Andrade, Martín Artagaveytia, Philippe Cyroulnik, Radio Electrónica Artesanal, R.I.S.A., Roberto Jacoby, Santiago Villanueva, Sol Varela, Superabundans Haut,Virginia Vitar.


Galería Abate
Pasaje Bollini 2170
Desde el 29 de septiembre al 1 de noviembre de 2011

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