La aventura , la pintura & la miniatura.

Autor de la reseñaalejo campos
MuestraDías sin episodios
EspacioRuth Benzacar
Artista(s)Sebastián Gordín
Técnica(s)Otras
Inauguración21-09-2011 19:00
Cierre11-11-2011 19:00

Contigüidad, empatía: no se puede ver la muestra de Gordín sin ver la de Gómez Canle. Transferencia, o en todo caso: asociación concreta como “proyección”, o un discurso doble sobre la pintura & lo proyectivo. El monumento al pincel que abre la muestra de G. también sirve como tótem-fetiche a la de GC. ("pinzell: plumilla con que el pintor assienta las colores; del latín penicillus, ‘cola’ del animal de do tomó el nombre: porque los pinceles se hazen de los pelos estremos de las hardas y martas -los pinceles gruessos y redondos se hazen de cerdas de jabalí"). Conversión, transferencia: ambas muestras ilustran mundos perdidos, de esos que sobreviven en libros o cámaras mentales (¿la pintura es aquí un mundo de libros?). Empatía, una muestra tracciona a la otra: ¿relación peligrosa o afinidad electiva? Tintas y óleos: lo líquido de la pintura que nombra GC, no parece tener que ver con Zygmunt B., sino más bien con la “viscosidad” que Sigmund F. le achacaba a la libido –manipular pinceles!

Del piso alto al piso bajo de la galería: el peso del paso de la biblioteca al bosque, de la tinta al óleo, de la madera al bronce modelados y pulidos. Arriba: unas tapas gemelas de libros con amistades "pintadas" en marquetería; abajo, unos gemelos-perspectiva de bronce con un paisaje engarzado en su cabeza de madera. Tintas sobre chapa de madera como óleo sobre chapa de cobre: el color del soporte transparenta. Geometrías azarosas suspendidas en el tiempo (en los derrumbes de G.) y rigurosos rubíes de color liso suspendidos en el espacio (en los paisajes de GC.) Atendamos cómo miramos estas estancias arrumbadas, los panoramas sombríos, las perspectivas-joyas, vistos desde arriba, a través de cierta distancia, guardados en vitrinas o expuestos sobre paños: como hechos para un Ojo que ve más que el nuestro.

Empatía en el uso de la escala y la lejanía: las cosas se “alejan” (se alienan, se extrañan) en lo artesanal, en lo arcaico, en lo pequeño, en lo fabulado o fabuloso, en lo entrevisto en un paisaje libresco, en la grieta y en la gruta: el parquet hundido de una biblioteca y una cueva montañosa son semejantes. Todo tiene lugar entre libros o nostalgias. Nostalgia viene de retorno, que Freud afirmaba fundamental en la constitución de objeto (si el objeto se aleja, es para que el sujeto lo reencuentre).

Si vemos un mismo relato, un mundo, entre los panoramas bélicos e íntimos y las maquetas descalabradas de G., podemos pensar que la quiebra de esos depósitos de aventuras no se debe a las potencias telúricas sino a las aventuras mismas: es un proyectil esférico eso que asoma bajo las pilas de libros, es concéntrica y artificial la destrucción del parquet, hay un martillo disponible para violentar las vitrinas del museo-biblioteca. ¿No se parecen en algo esa bala perdida, ese martillo amenazante, a la cabeza roja arrojada a la entrada de un bosque en GC., al octogonal rubí volador que se aleja o se acerca a través de un díptico paisaje?

En GC., las fenêtres son propiamente “ventanas rotas”, con el mismo perfil en zigzag de los rayos de bronce que atacan y reflejan a otra pintura; en G. el bombardeo de las bibliotecas y los panoramas de vetas y trincheras, lodo y humo, traman un relato elusivo con perros, camiones y amigos-soldados. ¿Podemos ver un doble comentario caústico sobre lo perspectívico, lo proyectual, lo bélico y lo monumental como si formaran parte del mismo complejo? Los clavos que “fallan” en las escenas de G. expuestos como haces perspectívicos por GC.: imágenes sólidas que se clavan en los ojos o se introducen en un muro espeso (comparar con la furia de L. Lamothe tiempo atrás contra la misma pared). Más pequeñas uno puede adivinar esas mismas agujas proyectivas en G.: astillas pulidas y disminuidas hasta no sentirse.

Resurreccionistas del artesanado, G. y GC. comparten quizás una fobia leve, una ironía, hacia los orígenes técnicos y agresivos de la perspectiva, hermana de la pólvora y las guerras europeas. Empatía: sabemos que la risa, el bostezo, a veces el llanto, producen una respuesta refleja en el semejante, de una precisión mayor que la de una descarga eléctrica –la transferencia de la risa espontánea excita un músculo del párpado inferior que sólo responde involuntariamente. Aquí, en ambas muestras, la imagen es una joya aguda que se clava bajo el párpado, tangente al ojo, y produce una risa-llanto involuntaria, melancólica. Ese pincel expuesto a la entrada como si fuera una lanza o flecha, es el arma heráldica de una pintura que se resiste a lo “tecnológico-proyectual” refugiándose en la técnica de la miniatura –un pincel que no sabe si reírse o llorar cuando lo confunden con un clavo o una bala.

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