Mi Dormitorio

Alfredo Benavídez Bedoya. Alfredo Bedoya en CC Recoleta desde el viernes 19 de agosto de 2011 hasta el lunes 19 de septiembre de 2011.

Alfredo Benavídez Bedoya nos invita a compartir con él las imágenes ensoñadas del proceso onírico. Con un fuerte carácter expresionista, inclusive remitiendo al expresionismo alemán en Europa y a ciertas litografías de los Artistas del Pueblo argentinos, las obras que vemos colgadas en las paredes nos sumergen en la psiquis compleja del artista, del ser humano. El sexo, la violencia, el arte, la literatura, la ciudad, entre otros, son parte de esta sucesión de imágenes fuertes, contundentes, impactantes. También podemos vincularlo con los dibujos de Escher y con las pautas surrealistas de creación artística a través del interés en el mundo de los sueños.

El sueño como satisfacción de deseos incumplidos, de fantasías reprimidas, así como la pesadilla violenta y desgarrante son material inagotable para la producción artística. Si bien parten del inconsciente individual, forman parte del imaginario común en todos los hombres, así como el arte, la sexualidad, la vida cotidiana. Todo esto se presenta transformado, desplazado y condensado desde la individualidad de Benavídez Bedoya.

También interviene páginas de libros con acotaciones y personajes, así como juega con personajes históricos y ficcionales. La realidad se desfigura y reconfigura en la forma artística. Se nos abre la puerta al mundo mágico, misterioso y siniestro que conforma la mente humana, a veces indescifrable y paradójica, otras clara y concisa. Lo representado llama a la interpretación por parte del espectador, genera shock, despierta pensamientos y recuerdos, asociaciones infinitas. Porque todos soñamos, despiertos y dormidos, y todos simbolizamos, cada uno a nuestra manera. Por ende no nos resulta ajeno lo que contemplamos, sino que conlleva en sí mismo un carácter familiar y cercano.

El dormitorio del artista se une al dormitorio de todos, donde soñamos con amores, con pasiones, donde se representan nuestros miedos y terrores más siniestros. Donde buscamos el reposo que a veces hayamos y otras veces no. Donde nos desvelamos y entramos en ensoñaciones. Donde descansamos. Y, fundamentalmente, donde nuestro inconsciente emerge, si bien presionado por la barrera de la represión, con sus mecanismos complejos, como texto rico a ser analizado.

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