El artista nerd (PRIMERA PARTE)

1930. Santiago Villanueva en La Ene - Nuevo Museo Energía de Arte Contemporáneo desde el jueves 28 de julio de 2011 hasta el viernes 26 de agosto de 2011.
PRIMERA PARTE- 1930, de Santiago Villanueva, en la Ene, hasta el 25 de agosto.

La exposición 1930, de Santiago Villanueva (nacido en Azul, provincia de Buenos Aires, en 1990), en el Museo Energía de Arte Contemporáneo desde el 28 de julio hasta el 25 de agosto de 2011, invita a una reflexión acerca de la historia y del papel del artista en el proceso productivo de una tradición.

Santiago Villanueva captó la atención pública en la última edición de ArteBA por formar parte de la selección de artistas que compitieron por el Premio Petrobras, en su caso, con la obra-acciónAdquisición (http://www.villanuevasantiago.com.ar/index.php?/projectos/adquisicion/). No ganó. Sin embargo, aunque la mayoría no recuerde su nombre, su obra quedó en el recuerdo colectivo más o menos difusamente como “el que compró un cuadro con la plata que le habían dado para producir su obra y lo expuso, nomás”. Una reseña publicada en Radar titulada “Gastar para donar” (http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/subnotas/7069-1412-2...) desorienta respecto de la operación que Villanueva realizó: no se trató de nada parecido a la caridad, sino una intervención concreta en la posibilidad de construcción de la narración que constituye la historia del arte local.

El cuadro en cuestión es Paisaje, del rosarino Anselmo Piccoli. En éste se observa un paisaje campestre geometrizado. Villanueva pone el foco en una obra que constituye un momento bisagra en la trayectoria del pintor hacia una progresiva geometrización, que luego acompañará el surgimiento del constructivismo abstracto como una alternativa al realismo socialista, pero de todos modos basado fuertemente en una matriz teórica materialista dialéctica. Precisamente en esos momentos donde la historia parece cambiar su rumbo, es donde Villanueva pone no sólo su atención sino también la fuerza del dinero.
Se lo llamó a Villanueva el artista del futuro que trae al presente a un artista del pasado. Entra en cuestión lo siguiente: ¿hasta qué punto la historia se confunde con la construcción de una tradición? Si la historia no es una serie de hechos a ser develados sino una construcción activa en donde sólo lo visible es capaz de constituir un relato, entonces también es posible que al traer a la visibilidad de un museo una pieza vieja pero oculta se tuerza el rumbo de una tradición, y más aún que inicie una nueva. El hecho de que una obra nueva pase a formar parte de un museo es una adquisición para el archivo cultural al que desde ese momento se puede acudir para estudiar, para crear a partir de eso, para que la creación sea esa misma acción que abre a nuevas acciones.

Algo similar ocurre también en su nueva muestra en el Museo Energía de Arte Contemporáneo, donde Villanueva exhibe 1930, instalación donde se muestran elementos y registros documentales de una muestra acerca del Novecento italiano realizada en ese año en Buenos Aires, primera muestra traída a la escena local de la vanguardia europea. El público que se acerque al museo de la calle Santa Fe, nuevamente tendrá la sensación de que no está viendo “arte”, sino algo distinto: como una clase abierta de primaria, 1930 es una exhibición que muestra el resultado de una investigación histórica llevada a cabo por el artista. Se trata de algo que parece sintomático del arte contemporáneo: ante la pérdida de la ingenuidad de la obra cerrada en sí misma por medio de la cultura del hiperlink, y mucho antes por el cuestionamiento de (precisamente) las vanguardias históricas, aparece un interés por el proceso productivo y no sólo por la obra consumada. 1930 presenta la posibilidad de aprender acerca de las condiciones de producción cultural que se fueron sedimentando a lo largo del tiempo, pero que simultáneamente abren una puerta para que una producción actual –concretamente la del mismo Villanueva– pueda dislocarlas.

Estamos invitados a revisitar uno de los momentos fundantes del modo en que se apreció el movimiento vanguardista europeo que tanta influencia tuvo con respecto al arte sucesivo, y que finalmente terminó siendo la tradición sobre la que hoy nos situamos. El aspecto crítico de 1930 radica en la mordaz indicación de que en verdad la exposición sobre el Novecento italiano traía artistas como Carlo Carrá, Giorgio de Chirico y Giorgio Morandi, que no representaban la avanzada vanguardista, sino más bien encarnaban “el retorno al orden”. En este sentido, 1930 es una indagación sobre la fuerza de las influencias en el campo del arte y de la arbitrariedad o azar involucrados en la construcción de una tradición.

(... continúa en SEGUNDA PARTE)

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