Sobre Agua-nicho

Agua-nicho. Gaspar Acebo en CC de la Memoria Haroldo Conti (ex ESMA) desde el miércoles 23 de marzo de 2011 hasta el domingo 8 de mayo de 2011.

Sobre Agua-nicho. Dos momentos en la percepción de una obra
Primer momento. La inocencia y la deriva
(Para el que no la vio)

Dos paneles de gran tamaño se ubican frente a frente. Parados en el surco que los separa, nos es posible percibir la vibración entre las imágenes de ambos. Somos receptores de un fluir discontinuo que, a fuerza de la razón, puede ser ordenado en dos momentos: el primer momento es mental y entraña la imagen; el segundo momento es sensible y lo que revela es la materia. Para explicarlo mejor, volvamos a la primera visión de la obra. Desde lejos nuestro ojo, adiestrado para distinguir el horizonte, ingresa en una marea o mejor dicho, en un remolino de materia condensada en el plano inferior. Más arriba se despeja un cielo blanco. Al girar, vemos el otro panel, y se desmonta más claramente la función del artefacto, que consiste en presentar figuras hechas de tiempo. Es decir, la muestra de Gaspar Acebo es una obra-máquina que toma nuestra percepción como motor de las imágenes. Al observar el panel, las formas -los fragmentos inconclusos de la imagen- se filtran y reverberan en la memoria ancestral de nuestro ojo. Después de unos minutos, reconocemos en una totalidad el sentido de esas unidades mínimas. Desde lejos, las figuras de los dos paneles están elaboradas por lo que parecen ser una serie de grafías. Sí, grafías: errantes y retorcidas, dispersas o superpuestas. Pero detengámonos de nuevo en la primera impresión. Medita en ese mar una sorpresa. Murmura. Un mar que murmura, inquieta. Y entonces somos dos ojos caminando hacia el mar, hasta que llegamos muy cerca y nos detenemos en una proximidad casi indecente. En ese momento la obra nos habla en voz alta. Esa voz nos hace distintos.

Segundo momento. Un Nosotros develado
(Para el que ya la vio)

El pelo no es cualquier parte del cuerpo. El pelo da el semblante a la persona, la inviste de una especie de valor aurático; el pelo determina la cáscara de la identidad. Por eso cuando aparece solo, es un rastro, es metonimia de una presencia. El pelo, lejos de su contexto vital, es una reliquia hermenéutica. Gaspar Acebo no es un artista conceptual, aunque su trabajo, hecho con pelos y presentado ahora en el ex predio de la Esma, sea resignificado con potencia por el contexto. Acebo trabaja con la materia, domestica y explota el valor expresivo de elementos cuya existencia habitual radica fuera del arte. Es un artista-artesano que se concentra en lo minúsculo para llegar a la gran escala. Usualmente el pelo es materia del aire, o del viento; pero en estas obras aparece pegado al panel, agrupado, formando trazos gruesos o más finos, claros u oscuros, desarrollando la textura de un mar cuyo fluir se parece al temporalidad de la conciencia. En esta, la nitidez de los recuerdos que afloran a la superficie indica por debajo un confín donde el olvido, que actúa por represión inconciente, inaugura un terreno farragoso, una ciénaga donde las vivencias pasadas conviven en estado latente. Así como percibir la claridad absoluta es imposible, recordarlo todo también lo es; y el olvido intencionado no es más que un artificio. La memoria no puede estar dictada por otra cosa que el azar de la experiencia vivida, individual y colectivamente; y es en la oscuridad de las profundidades donde medita una revancha ancestral, la que un día sale a la luz en la forma de un impulso: dicen algunos que así se mece la marea de la historia. Volviendo, entonces, a la reflexión sobre el material de estas obras, puede pensarse que el pelo es también materia íntima; sin embargo en las obras de Gaspar ésta se vuelve anónima. Íntimo y anónimo. Una comunión de pelos que en su yuxtaposición solidaria generan la figura. Y entonces delante nuestro aparecen los Otros, como una abstracción que de golpe se vuelve demasiado humana.

Gaspar Acebo nació en la Ciudad de Buenos Aires, en 1976. Estudió en la Escuela Nacional de Bellas Artes P. Pueyrredón y trabaja como docente en el IUNA. Realizó muestras individuales y colectivas en Centro Cultural Recoleta (2005); Fundación Jorge Federico Klemm (2006); Arte BA (2006); Miami Art Basel Contemporary Art Fair (2006); Salón Diario La Capital (2006); Centro Cultural Borges (2001); Café Museo del Área Fundacional de Mendoza (2001). Parte de su visión del arte en Bola de Nieve: "Voy a confesar mi lector ideal; fundamentalmente es un lector de diferentes momentos, uno que lea de lejos, de cerca, de frente, de costado, -y si, con cuidado se pueden tocar los pelos-."

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