Conocer, dominar, controlar, avasallar.

Rio de las tres rutas. Nicolas Sarmiento, Mariana Sissia en CC Recoleta desde el jueves 4 de febrero de 2010 hasta el jueves 4 de marzo de 2010.

Lo desconocido suele seducir al ser humano, e impulsa la exploración como modo de conocer el objeto de seducción. Emprender la aventura del conocimiento de dicho objeto, implica el viaje por un territorio, que cada cual realiza a su manera. Esa manera tiene que ver, con los modos de ser del explorador y del científico, aunque hay algo más que hay que tener en cuenta. Es ese algo que comprende, ya no sólo el estilo personal del aventurero, sino las distintas etapas de reconocimiento que ciertos territorios suelen requerir de quien explora. Para ello, hay que adaptar lo que suele mencionarse como “el estilo personal”, a las necesidades y exigencias del estado de la cuestión, sin olvidar los fines para los cuales el abarcamiento total del territorio se hizo necesario.
De este modo, se puede conocer un mismo objeto y abarcarlo en su totalidad, pero de diferente manera. Esta diversidad es, en definitiva, la que contribuye a enriquecer lo conocido desde múltiples perspectivas. Cada una aporta lo suyo, y tanto si anula o no a la otra, siempre agrega algo. Dos formas distintas de representar un territorio que puede fantasearse como el mismo o no, de lo que resultan tres posibles maneras de abordarlo y conocerlo. Así es como pueden apreciarse, individual o conjuntamente, las obras de Nicolás Sarmiento y Mariana Sissia. Los dos artistas que participan compartiendo espacio, en la muestra que hasta principios de marzo, se exhibe en una de las salas del Centro Cultural Recoleta.
Los paisajes propuestos por Sarmiento, son dibujos en los que el predominio de la mancha y la aguada, generan distintos niveles de profundidad. Los que a veces, se ven interrumpidos, por algunas líneas ilegibles que no terminan de definir el contorno de lo que más allá, parece perfilarse. Todos parecen haber sido realizados expeditivamente, resueltos con la velocidad del gesto enérgico. Como si hubiera una especie de urgencia por registrar, para no perder nada de todo cuanto aparece en el recorrido de ese territorio. Como si en el recodo del tramo siguiente, existiera la amenaza latente que varíe la percepción del mismo, revelando a los ojos algo inesperadamente maravilloso o tenebroso. Tal vez el posible encuentro con un otro, que no se alcanza a percibir -aunque se intuye- , entre los claros y oscuros que la técnica del artista logra esbozar con su estilo, para estimular el avance entre los vericuetos de esos lugares extraños.
Los paisajes de Sissia, en cambio, revelan un virtuosidad en el manejo del dibujo con lápiz. En ellos pueden apreciarse un elaborado trabajo tonal, además de una exquisita minuciosidad -casi decorativista- en la plasmación de hasta el más ínfimo detalle. A estas cualidades, hay que sumar el exquisito trabajo de luces y sombras, que contribuyen a otorgarle a sus dibujos, la densidad material donde es necesaria. Algo que a la levedad del lápiz le sería imposible, sin la rigurosidad de una técnica casi rayana en la descripción científica. De esta manera, sus paisajes parecen casi calcados de una fotografía. Todos han sido elaborados, desde un punto de vista apenas más elevado que el del observador, por lo que recuerdan el estilo utilizado por algunos de aquellos artistas viajeros, de hace más de dos siglos, para dar cuenta de la exacta topografía de un lugar, para su reconocimiento. Al igual que ellos, la artista informa de espacios perfectamente identificables, en los que se revela la presencia del hombre, aunque su figura no haya sido dibujada. Los rastros de las acciones que sólo él es capaz de realizar, junto a algunas herramientas utilizadas para esas tareas (en algunos casos), son las que narran su perfecto dominio de aquello explicitado.
Sarmiento y Sissia, cada uno a su manera, proponen una ruta particular a seguir, para recorrer el mismo río. ¿Cuál sería entonces, la tercera vía a la que el título de la muestra alude? Tal vez, y sólo tal vez, sea el relato de la historia de la conquista del hombre de uno, entre tantos territorios de la Tierra. Y en ese relato, como si de una línea del tiempo se tratara, Sarmiento y Sissia, representan dos diferentes momentos de la narración. El primero, a veces más y otras menos, aparece nebuloso y caótico. Una especie de primera incursión en un territorio agreste, salvaje, y virgen. Del que no se sabe, aún, a ciencia cierta, qué es lo que se ve cuando se mira. El segundo, en cambio, ya por fin estudiado e investigado, tanto en sus aspectos geográficos, geológicos y hasta botánicos, se encuentra perfectamente ordenado, permitiendo reconocer y nombrar cada una de las cosas que aparecen en él. Da cuenta de nuevas incursiones, al mismo tiempo que denuncia la intervención del hombre en él.

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