Arte y Política: una relación entre iguales
| Autor de la reseña | Viviana Fischler |
| Muestra | Furor Ciudadano |
| Espacio | CC Recoleta |
| Artista(s) | Pablo Caressa |
| Técnica(s) | Dibujo |
| Inauguración | 15-12-2009 19:00 |
| Cierre | 24-01-2010 19:00 |
En un mundo cuya forma política es la de la “democracia liberal”, forma sin representación, el arte emancipado no puede llevar al espectador -igualmente emancipado- a la acción política, para producir una toma de conciencia. Para eso, el arte debería transmitir un mensaje unívoco, dejando de ser la producción posmoderna, donde “todo vale”. Lo que sí puede, a través de sus formas estéticas, es modificar lo visible, cambiando los modos de expresión y de percepción. Así movilizaría capacidades, que operan desde la idea de “disenso” frente a todas las formas de “consenso”. Ésta parece ser, la modesta y excelente propuesta de Pablo Caressa: Furor ciudadano, en la que toma lo antagónico y las relaciones disueltas de la sociedad.
Con soberbio manejo lineal, presenta cantidad de dibujos en tinta y lápiz negro, y otros en técnica mixta (un toque de color). Todos de pequeño formato, en papel blanco, algunos enmarcados. Completan la muestra, dos intervenciones murales enfrentadas en la sala; también dibujos en tinta negra, y tema similar, se diferencian por el soporte. Una dibujada sobre el muro, la otra, sobre papel madera.
Las figuras casi materiales, se entretejen con una línea frenética y continua, que se diluye en la intangibilidad. Son escenas apacibles y serenas, que evocan el “furor ciudadano” por los clásicos espacios de encuentro, que representan numerosos y variados: Paseo(s) por la ciudad, Bar(es), Café(s) y Banco(s) de plaza, junto a la serie: Cementerio alemán, en tres de los cuatro muros de la sala.
Es en el cuarto muro, que Caressa confronta a los otros tres, al trabajar desde lo espacial, el color que acentúa el drama de las escenas, y el tema de la violencia. Con perspicacia, el artista se apropia de las imágenes de dos películas icónicas, representando diversos cuadros repartidos en dos series: La naranja mecánica y The Wall, en las cuales juega con otra clase de “furor ciudadano”. El que flagela y disuelve las relaciones entre los individuos, y entre el individuo con sí mismo.
Sin embargo, queda reservado un mínimo espacio, donde reaparecen Banco de plaza, Bar, Café. Como si Pablo Caressa quisiera señalar, que a través de proyectos capaces de crear redes y lazos, donde el arte puede y la política ya no, es posible operar los cambios necesarios para mejorar la sociedad.

