Cuando la individualidad no se aliena
| Autor de la reseña | Viviana Fischler |
| Muestra | Identidad Anónima |
| Espacio | CC Recoleta |
| Artista(s) | Daniel Fitte |
| Técnica(s) | Otras |
| Inauguración | 15-12-2009 19:00 |
| Cierre | 24-01-2010 19:00 |
¿Qué característica particular es la que define a la Identidad como tal? Esa que le permite al ser humano decir: Soy… (Y a los seres humanos decir: Somos...) ¿Acaso, es la ropa que se usa lo que lo identifica? ¿La camiseta que se pone? ¿Son los objetos que se poseen -o no-? ¿Tal vez lo que uno hace? ¿Es un documento, un certificado, un título? ¿Quizás un número, una dirección, un lugar? ¿Simplemente un nombre? ¿El grupo de pertenencia? ¿Son las creencias y los valores?
En la recién estrenada muestra, que se exhibe en el CCR, Daniel Fitte intenta responder estas preguntas (y seguramente otras más), a través de distintos tipos de objetos que remiten a los oficios de albañil y de carpintero. Cada uno expuesto en cajas de vidrio sobre un pedestal, o en cajas-vitrina colgadas de las paredes. Cada uno de ellos, autografiado con nombre, apellido y el oficio desempeñado por su dueño.
“Camisa”, “Par de botines” y “Balde del albañil”, configuran el trío (sobre pedestales a diferente altura y la pared) a la entrada de la sala. La “Cuchara” y la “Pala de albañil” (con restos de material), igualmente autografiados, conforman un dúo interesante, el cual se ve replicado por dos obras enmarcadas en madera clara y sin lustrar. Se trata de las siluetas de dichos objetos, perforadas en cartón blanco, y colgadas de la pared junto a los pedestales que los contienen. En la misma técnica, la silueta de un “Nivel”, y algunas otras más, sin el representante objetual al que aluden -como documento de los mismos-, guían la atención del espectador, hacia el otro oficio protagonista de la muestra.
Al igual que la camisa, el “Delantal de trabajo del carpintero”, con la silueta que lo documenta, a su lado. Mientras que, en lugares privilegiados, más objetos ocupan sus pedestales. Frente a cada uno de los ventanales que rodean uno de los patios interiores del CCR, una “Mecha del carpintero” (completamente oxidada), un “Martillo”, un “Serrucho” y una “Caja de Taller” (todos con restos de polvo y gastados por el uso), también poseen sus siluetas perforadas, enmarcadas y colgadas sobre las paredes.
Otros dos enmarcados, como diplomas de Título de Grado, llaman la atención del espectador, al exigirle una mirada y lectura específicas. Si bien son amplificaciones sobre cartón blanco, de la página de dos libretas de enrolamiento, el pequeño tamaño de la caligrafía, le exige un gesto de intimidad para leer los datos allí consignados. Los mismos que en el DNI, además del oficio desempeñado por el titular de cada una: “Albañil”, “Carpintero”.
Ese momento íntimo, encuentra su equilibrio en las tres obras murales, que a continuación, arrojan de una sacudida al visitante desprevenido, para que éste pueda apreciarlas en toda su potencia. La gigantografía a todo color, en la que el grupo completo de albañiles, posa sobre la terraza del edificio aún en construcción y bajo un cielo radiante de sol, para la fotografía. Con sus camisas, chalecos y pantalones manchados de material, y una sonrisa que les llena el rostro. Y en ángulo a ésta, más de cien pares de guantes vacíos colgados y superpuestos, totalmente rígidos por la cal reseca y gris, testimonian el final de obra. La tercera, es una serie de pequeñas láminas enmarcadas del mismo modo que las siluetas de los objetos. Alineadas en cuatro filas de diez columnas, completan un conjunto de cuarenta dibujos en tinta negra “40 veces. Enrollar y desenrollar el alambre”. Son la representación exacta de círculos de alambre enrollado, como una serigrafía (al mejor estilo Warhol), pero realizados uno por uno a mano.
Tres murales, tres multitudes: personas, objetos, dibujos. Todos diferentes, y sin embargo igualados por el oficio, la vestimenta, las herramientas que poseen y utilizan. Y por sobre todo, el espíritu de equipo, el orgullo por el trabajo realizado, que los unifica en una masa con identidad propia, en la que los nombres propios importan, pero no pretenden un protagonismo egoísta capaz de desestabilizar la esencia de la pertenencia.
De esto último, da cuenta la Instalación que cierra la muestra. En la que el retrato fotográfico del albañil, junto a la carretilla, los guantes, las pilas de ladrillo, las bolsas de cemento, y las palas, presentan y representan el todo desde lo uno.
Así es como el artista, a través de diferentes objetos-testimonio de lo cotidiano, elevados a la categoría de Arte, rinde homenaje al hombre de oficio, al tiempo que responde al visitante, la interpelación a la que aquellos lo someten.

