La atemporalidad de los conceptos humanos.
| Autor de la reseña | Viviana Fischler |
| Muestra | EL TIEMPO DEL ARTE |
| Espacio | Fundación PROA |
| Artista(s) | entre otros | Agostino Carraci | Piero Paoloni | Joseph Kosuth |
| Técnica(s) | Otras |
| Inauguración | 19-09-2009 19:00 |
| Cierre | 10-01-2010 19:00 |
En tanto que seres culturales, somos herederos de ciertos modos de organización a los fines de facilitar el estudio de las diferentes disciplinas. Estos modos, parecen haber sido la mejor elección -en su momento- para garantizar el aprendizaje de manera coherentemente ordenada, por expresarlo de alguna manera. En el caso de la Historia, sobre todo en el mundo occidental, la costumbre es trazar una línea del tiempo periodizada y cronológicamente ordenada. Línea en la que los hombres vamos ubicando acontecimientos de índole diversa, según sea la rama histórica en la cual estemos enfocando nuestros estudios.
Así es como nos invita El tiempo del arte, la exhibición curada por Giacinto Di Pietrantonio, sugiriendo un diálogo entre obras de arte realizadas a lo largo de un período de tiempo de cinco siglos. Sin embargo, nos basta con ingresar a la FUNDACIÓN PROA, y seguir el derrotero que el curador propone, para reconocer que el título de la muestra no es más que un guiño juguetón al espectador, que cada uno de nosotros es. Lo que en realidad Pietrantonio nos quiere contar, salta a la vista en el instante que descubrimos que: el ordenamiento de las obras no es cronológico. Si bien es cierto, que se encuentran reunidas obras de cinco siglos, éstas no están agrupadas por estilo, escuela o período alguno.
De entrada, lo que se percibe en las salas, es una cierta sensación de extrañeza, si insistimos en querer organizar -mentalmente- de manera cronológica las obras expuestas, contaminados “literalmente” por el título de la exhibición. Por supuesto que Pietrantonio, al invitarnos a una función que promete ser una cosa cuando en realidad es otra, lo hace a sabiendas de la atracción que pueden ejercer, obras del siglo XVI, XVII, etc., que han viajado a la Argentina especialmente para la ocasión.
No se puede negar que la carnada es atractiva, y ciertamente funciona. Pero también es innegable, que Giacinto Di Pietrantonio, lúcidamente nos propone -entre otras cosas- la maravillosa oportunidad de reflexionar sobre el lenguaje de la comunicación. Desde el comienzo, y con la palabra Tiempo por él elegida, nos recuerda que la palabrita puede ser utilizada en múltiples acepciones, y puede dar lugar a confusiones. Y además, que no sólo se pueden transmitir ideas, y discutir y compartir (o no) significados a través de las palabras. No es el idioma hablado, el único posible a tales fines. En El tiempo del arte, son las imágenes el exclusivo lenguaje, sin barreras idiomáticas, las que expresan ideas, valores y creencias. Esto es, los conceptos que como luces de un faro, nos guían y condicionan el modo en que transitamos por la vida.
Entonces, ¿cuál es la acepción etimológica de la palabra Tiempo, que el título de la muestra ostenta? Una que no está en el diccionario, o tal vez sí, pero con una vuelta de tuerca más. La acepción más pertinente, tiene que ver con lo meteorológico y lo climático. Y la vuelta de tuerca radica, en la alusión o adaptación del clima atmosférico, a un clima de época, lo que comúnmente solemos llamar “horizonte de época”. Lo que en nuestro caso particular, estaría refiriendo a un “horizonte humano”, y en tanto que humano, atemporal.
Es de esta manera que la muestra se exhibe, por medio de núcleos conceptuales. Los cuales permiten concienciar en nosotros “espectadores invitados”, que hay otros modos posibles de organizar conjuntos y sistemas para contar la Historia. Como en este caso, en que se elige contar la historia desde ciertos aspectos que hacen a la humanidad, por medio de imágenes de arte realizadas a lo largo de cinco siglos. Y es llegado a este punto, en que caemos en la cuenta de que, cinco, diez o quince siglos de imágenes, nos estarían contando lo mismo.
Como si de mesas de debate se tratara, las imágenes del arte se encuentran organizadas conceptualmente, en ocho conjuntos diferentes: el poder, lo cotidiano, el cuerpo, la mente, la vida, la muerte, el amor, y el odio. El objetivo aquí, es facilitar el diálogo entre ellas y nosotros, en un clima de unidad y armonía grupal. Así agrupadas, poseen tal inmediatez visual, que nos movilizan interiormente, estimulando sensaciones de placer o displacer. Estas emociones, nos invitan a reflexionar sobre las esperanzas, angustias y temores de los seres humanos, desde que el mundo es mundo. Y también, a reconocer el hecho de que, la expresión mediante el uso de imágenes “fue y es” una de las herramientas más utilizadas por el individuo, desde siempre.







![Ravinder Reddy Untitled (Head), 2005 (Sin título [Cabeza] )](http://www.ramona.org.ar/files/file_76_esp_tn.jpg)




