Shhhhh!!!ilencio.

Silencio. grupo Mondongo en Ruth Benzacar desde el miércoles 1 de julio de 2009 hasta el jueves 13 de agosto de 2009.

La calavera anamórfica de Los Embajadores de Holbein (reconstruida metonímicamente por la agregación estrafalaria de máscaras simiescas y tribales y piedades miguelangelescas);

un río negro de polietileno;

un RíoRojo enhebrado de Coke-bottles y fibras intestinales y cabezas desolladas (río de la plata eliotiano que a pesar del brillo del color, figura una estación muy fría);

una ciudad de los niños dominada por una parturienta incontinente (dominada a su vez por una chimenea color piel que parece demandar su desafuero demográfico);

el exabrupto enigmático de niñas con corona de falos y el rostro surcado de espermas:

nada de eso se menciona en la crónica amistosa de M. Llinás que acompaña la muestra (no seamos redundantes). Lo que a cambio sí se narra es un soñado desplante (o un desplante soñado) sucedido al dejar vacío el tribunal histórico del Arte. Los pretendidos jueces allí mencionados son pintores, de lo que debemos colegir que esto que vemos es: ¿pintura? (graciosamente se dice allí que, a pesar de haberlo buscado, a van Gogh no se lo pudo encontrar... ¿tampoco estaban Durero ni Berni ni Henri Rousseau? Que raro!)

Plastilina, hilos, todo refundido en un photoshop manual hipertónico (estoy tan desinformado que realmente me gustaría saber si la plastilina tiene una protección que la defienda del polvo que debe atraer glotonamente). Por medio de la dependencia material que Didi-Huberman releva como causa de la jerarquía inversa que sufriera la escultura a partir del siglo XVI ("ceniza y estiércol"), ¿Mondongo quiere “castigar” a la pintura, hacerle probar las heces de una artesanía no sublimante? (en una entrevista que les hizo la revista Wicked-Mag, manifiestan que “la caca los espera”, dentro de una busca de materiales que se les abre como infinita). Ese enfrentar a la pintura a la vergüenza, ¿será una especie de juicio sobre lo mercantil, abonado por una experiencia extrema en las exigencias cada vez mayores de un arte global? (en WKD decían: "el dinero es un arma de doble filo. Puede ayudar, reafirmar y aportar o, por el contrario, despertar nuestros más horribles monstruos. Por ahora somos malabaristas en lo que respecta a nuestra economía. Mas allá de estar siempre agradecidos de poder vivir del arte... nunca gozamos de la abundancia desmesurada. Estamos siempre necesitando más")

Pero “escarnio y vergüenza” claro, sólo aparecen como juicio: aquí no se ve más que maestría, control, lujo. Me atrevería a decir que el double-bind entre el hedonismo de la distancia media y el primer plano procaz o macabro, es apenas un pliegue retórico y divertido (¡porque esto es muy divertido de ver!). Ese hedonismo y procacidad son ambos “impresionistas”, me parece, aun en el sentido de la apertura-promesa material que pudo haber sumado Seurat, por ejemplo, a la principalmente teórica del movimiento francés: los “fotones” pueden ser figurados ahora en hilos de algodón, cookies rotas o esculturas diminutas.

Querer “liberar” a la pintura de ese histórico sistema de alianzas espiritualizante que Didi-Huberman centra en el tratado de Leonardo, causa simpatía. El recuerdo de una muestra años atrás, en una galería de la avenida del Libertador, infestada de estudiantes secundarios mirando una exposición de imágenes porno tamaño mural realizadas con galletitas, me produce también una empatía irrefrenable (aun mayor que el mito anticolonialista del Retrato Real en cuentas de vidrio o que la agu(a)da ironía de una Evita de panes tostados). La mencionada entrevista en Wicked también está dominada por una empatía confusa ("materiales no convencionales= travestismo en la pintura", firmado por una travesti). Simpatía que como la narración del tribunal onírico de Llinás, parece decir: fuguémonos del juicio.

Fugarse del lugar del juicio hacia adelante por medio del trabajo: ¿Silencio es una comanda imperativa, o una expresión de deseos? (¿el deseo de dejar vacío el tribunal del Arte, o dejar-en-el-vacío el juicio para el arte?). ¿El deseo de trabajar sin hablar? ¿Cuál es el misterio del ménage à trois de Mondongo?: ¿hay un Mon que sostiene la originalidad, un Don que marca la maestría, un Go que define la dinámica? El creer haber leído (no los conozco) que componen sus obras con un espejo colgado del techo, no es secundario para ese imaginario empático: el telos de la maestría maníaca y el sueño de fuga del juicio, ¿alimentan la impresión de que te invitan a una fiesta y después de un rato te avisan que es una orgía?

pd: algo sobre las liebres, que internalizan la desfiguración del mosaico augurando mondongos psicodélicos.
http://www.alejocampos.blogspot.com/

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