Reveladora exposición de Eduardo Stupía

Obras recientes. Eduardo Stupía en Mara - La Ruche desde el sábado 10 de mayo de 2008 hasta el sábado 5 de julio de 2008.
Aunque siempre con su lenguaje inconfundible, la nueva obra del artista se muestra más impulsiva.

La nueva exposición que Eduardo Stupía presenta en estos días en la galería Jorge Mara, se inscribe nuevamente en el territorio de la abstracción. Una abstracción que reaparece signada por nuevas urgencias, y con las mismas resonancias y evocaciones del paisaje.

Lejos de retratar un lugar determinado, la obra remite en lo formal y en lo conceptual a la idea de «paisaje», muestra la manera en que éste se construye y cobra forma en la mente, para luego tornase visible en el cuadro liberado de toda subordinación a la realidad. Frente a esta conceptualización del paisaje, Stupía explica cómo logra esta ambigüedad, describe cuál es el punto de encuentro entre la racionalidad y lo ideal, o mental: Los bosques están. Están a través de un lenguaje que no es el de la mimesis de lo real, pero que tampoco le da la espalda.

Así, con su lenguaje inconfundible, oscilando entre el paisaje real y la abstracción total, el artista abre en esta muestra unos huecos siderales en el centro del espacio pictórico de varias obras. Estos vacíos del papel en blanco, marcan un poderoso silencio que cambia su obra. Para comenzar, lo primero que perciben quienes conocen la trayectoria de Stupía, es que la maraña del dibujo cerrado y minucioso abrió espacial despliegue de un gesto tenso y crispado. Esta expresividad llega con el dramatismo de unos inmensos trazos negros que cruzan la obra hiriéndola con la fuerza de un tajo, o con las gruesas líneas que con la misma potencia titubean y se enredan en sí mismas como anudándose, hasta adoptar la forma de un nervioso grafismo.

Esta sensación de apremio rompe con su tensión el estilo meditativo y obsesivo que ha caracterizado el dibujo de Stupía. Hay una exaltación de las formas en los arabescos, pero sobre todo en los quiebres de las líneas, que rozan el límite del descontrol; hay, también, una aceleración del ritmo y, más que nada, una expansión del formato de la obra y del grafismo que le brinda grandiosidad a toda la nueva serie. Esta intensidad, esta energía encarnada en la fortaleza del trazo, determina la aparición del pathos que hasta ayer había estado ausente en la obra.

Como si se estuviera mirando en retrospectiva su propio quehacer, el artista parece buscar la reconciliación de las formas abigarradas e hipnóticas de sus trabajos anteriores con la compulsión de los rasgos actuales. Como si citara su propia obra, disponer un collage de fragmentos de los entramados oscuros y cerrados de ayer, junto a los rasgos expansivos de hoy. De este modo, la muestra revela el proceso de realización de la obra, la elaboración mental que induce a encadenar en el campo de batalla del cuadro, la estética que forjó su identidad y las expresiones actuales. Los charcos de pintura enmarañándose, aviniéndose al parecer del artista y diluyéndose para conformar mágicamente el paisaje, son ahora pequeñas islas dentro de las nuevas obras. Más que la consecuencia natural de la madurez del artista, el cambio en la obra sugiere que hay algo deslumbrante que sus ojos han visto.

Impulsos

Al mirar un cuadro impresionista, según el espectador se acerque o se aleje de la pintura, la imagen se va transformando y se pueden ver varias obras: la que se percibe de cerca, la que se divisa de lejos y las que están en la mitad del camino. Al observar los cuadros anteriores de Stupía, resulta imprescindible internarse en la obra, acercarse para descubrir los inagotables paisajes que se repliegan y esconden en otros paisajes. Ahora, con su mirada sagaz y certera, el artista ha cambiado el punto de vista, se ha alejado unos pasos y desde esa distancia construyó unos universos tempestuosos, que imponen e irradian su ostensible visibilidad. Los impulsos sensitivos que componen la obra han quedado al desnudo, la sensualidad que provoca la manipulación de los materiales (carbonilla, pastel, grafito, lápiz, óleo, acrílico) está totalmente expuesta ante los ojos de todos.

El pintor aporta su cuerpo, dice Valery, y en esta serie de dibujos, como en toda la obra del artista, la energía que fluye de su mano, se desplaza directa hasta el ojo del espectador, arrastra con su inmediatez, una carga poética, anímica y emotiva que parece provenir de las profundidades del inconsciente.

La carrera de Stupía, un artista de culto para sus pares, tuvo un giro ascendente en 2006 con la retrospectiva del Centro Cultural Recoleta, en 2007 ganó el Gran Premio del Salón Nacional, su obra ingresó en la colección del Museo de Arte Moderno de Nueva York e integró la muestra que el MOMA dedicó a Latinoamérica. Ahora, sus obras se exhiben simultáneamente en Jorge Mara, Vasari, la Casa de la Cultura, estuvieron en arteBA y viajarán a París.

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