Libro El Siluetazo

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LIBRO

El Siluetazo

Compiladores
Ana Longoni – Gustavo Bruzzone

Adriana Hidalgo editora
Colección: Los sentidos / artes visuales
514 páginas
72 pesos

El Siluetazo es la más recordada práctica artístico-política que proporcionó una potente visualidad en el espacio público al movimiento de derechos humanos a fines de la última dictadura argentina. Se trata de uno de esos momentos excepcionales de la historia en que una iniciativa artística coincide con la demanda de un movimiento social, y toma cuerpo por el apoyo de una multitud.

Impulsado desde la revista ramona, este libro aparece cuando se cumplen veinticinco años de aquel acontecimiento. Reúne por primera vez una serie de documentos (escritos y fotográficos), testimonios e interpretaciones hasta ahora dispersos o inéditos. Los materiales y los registros de escritura son notoriamente polifónicos y no apuestan a un relato único. Configuran, más bien, un collage aún por completarse, ejercicios de una memoria en conflicto.

Documentos, textos y fotos de:
R. Aguerreberry, A. Alonso, R. Amigo, F. Bedoya, G. Buntinx, Emei, L. Fernández, J. Flores, S. García Navarro, E. Gil, E. Grüner, GAC, G. Kexel, Las patas en la fuente, I. Liprandi, C. López Iglesias, Madres de Plaza de Mayo, J. L. Meirás, E. Molinari, D. Ocaranza Bouet, J. C. Romero, E. Schindel, H. Vidal, J. Warley, F. Zuckerfeld Fernando Czarny y otros

Compiladores
Ana Longoni es escritora, investigadora del CONICET y profesora en la Universidad de Buenos Aires, donde obtuvo el Doctorado en Artes. Publicó, entre otros trabajos, los libros De los poetas malditos al video-clip y Del Di Tella a Tucumán Arde, el estudio preliminar al libro de Oscar Masotta Revolución en el arte y Traiciones. La figura del traidor en los relatos acerca de los sobrevivientes de la represión. Es colaboradora permanente de la revista ramona.

Gustavo Bruzzone es juez y editor fundador de la revista ramona. Tiene un libro en preparación sobre el arte argentino de los noventa.


Reseña
Algunos venían de la militancia perseguida por la dictadura, para ellos fue un acto de denuncia pública. Otros emergían de la cultura rocker, quizás un poco más ingenua, y lo vivieron como una especie de "Woodstock de protesta". Los creadores visuales que lo gestaron habían pensado en una obra colectiva y en un impacto estético-político. Las Madres, que en ese momento estaban lejos de ser bien vistas por el conjunto de los medios y eran ignoradas por la mayoría de la sociedad, lo acogieron como la corporización de la ausencia, "nos llaman, nos ven, nos gritan", decían.

La crítica de arte de ese momento, salvo el diario de lengua inglesa Buenos Aires Herald, lo ignoró completamente y por varios años.

Más allá de las diferentes, variadas y contradictorias lecturas, la aparición de las siluetas negras de los desaparecidos que empapelaron las paredes porteñas a fines de 1983, conocida a partir de ese momento como El Siluetazo, dejó una huella de alto contraste y se volvió un mito en la tradición de las prácticas de arte y comunicación vinculadas con la protesta social.

"El Siluetazo es la más recordada práctica artístico-política que proporcionó una potente visualidad en el espacio público al movimiento de derechos humanos a fines de la última dictadura argentina. Se trata de uno de esos momentos excepcionales de la historia en que una iniciativa artística coincide con la demanda de un movimiento social, y toma cuerpo por el apoyo de una multitud".

Ana Longoni, investigadora de arte, docente, escritora y dramaturga, concluyó en 2006 su investigación que el sello Adriana Hidalgo junto a la revista ramona acaban de lanzar en las librerías.

El Siluetazo reúne en sus más de 500 páginas los puntos de vista, testimonios e imágenes de personas que pusieron cuerpo y cabeza en la producción y análisis de este hito visual de la Resistencia.

J. L. Meirás
(Reseña para Hecho en Buenos Aires)

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