Jubiloso Ferrari celebra a la música

S/T. León Ferrari, Hernán Salamanco, Katinka Pilscheur en Braga Menéndez Arte Contemporáneo desde el martes 22 de abril de 2008 hasta el sábado 7 de junio de 2008.
A los 87 años, el artista presentó en Braga Menéndez una muestra temática con muñecos de poliuretano

En la muestra Los músicos de León Ferrari, que exhibe la galería Braga Menéndez, hay una alegría esencial. Los gigantescos músicos con aspecto de muñecos de torta de crema integran una orquesta inusual, si se tienen en cuenta la curiosa variedad de instrumentos que la conforman (tambor, saxofón y cacerola).

En este conjunto, a las figuras espumosas de los músicos se suman dos personajes: una espectadora cargada de joyas, y un espectador que, como un símbolo de la percepción o del saper vedere de Leonardo, tiene una infinidad de ojos incrustados en un cuerpo también esponjoso. Todo contribuye a generar un clima festivo, acentuado por una obra cargada de humor y los colores radiantes de los músicos y sus dos oyentes, que sentados en sillas de colección, se destacan en el blanco escenario de la galería.

Los personajes están realizados con espuma de poliuretano, la misma que sacan de un pomo los operarios de la construcción de edificios para rellenar huecos y sellar uniones, y que al expandirse adquiere la contextura de una crema formidable. Al igual que un repostero, Ferrari se ha servido de este dúctil material desde hace dos años, y con él diseñó la nube negra de una explosión nuclear y otros personajes que presentó en la Bienal de Venecia, donde ganó el León de Oro al “mejor artista de la muestra central”.

Antes y después de la Bienal, Ferrari trabajó con poliuretano, y ya había presentado un violinista solitario. Pero sólo en esta orquesta jubilosa el material coincide sin resto con el sentido de la obra, se dilata y adquiere una desmesura que remite de inmediato a la idea de una alucinada explosión sonora. Se trata de una auténtica orgía visual, acompañada por la música Bitches Brew de Miles Davis, que el artista seleccionó con buen criterio para la muestra.

Ferrari es un artista de grandes contrastes, que a la contundencia explícita de su obra política contrapone la mayor sutileza sensible y conceptual. Su extensa y variada producción es compleja, pero siempre reveladora, en ella se cuela su vida. Desde la serie del Cuadro escrito (unas caligrafías casi o plenamente abstractas, que se perciben como acordes sinfónicos de la forma) y sus sutiles esculturas de alambre, hasta las obras juguetonas que, como Los músicos, comenzó a realizar a fines de los años '90, pasando por las esculturas sonoras y las Heliografías de los '70, el artista siempre ostentó un gran poder de comunicación y esta cualidad se advierte en la muestra actual.

Abundan razones para que Ferrari transmita el deseo de celebración que hoy atraviesa toda la exposición. Razones, como el reconocimiento a “la relevancia estética contemporánea, inesperada para una obra que se ha desarrollado en los últimos 60 años”, como dijeron en Venecia; o que se hayan terminado las situaciones “adversas” que signaron su carrera y su exilio, como también se dijo.

Ahora, si es verdad que los artistas guardan en sus almas el niño que fueron algún día, Ferrari lo confirma. Su estilo no es precisamente inocente sino más bien propenso a la travesura, con una natural predisposición para contrariar al prójimo con teorías irreverentes. Pero a los 87 años, con su sonrisa contagiosa, su entusiasmo inagotable y sus rasgos juveniles en un rostro surcado de arrugas, Ferrari continúa derrochando alegría por dondequiera que esté. Y la verdad es que está en muchas partes.

Vale la pena destacar el apoyo y las obras que le prestó al jovencísimo curador Fernando Brizuela para montar Museo salvaje, una bella exposición de artistas emergentes que presentó el CCEBA. Además, acaba de inaugurar una muestra antológica en el Museo Castagnino + macro de Rosario, y entretanto participa de la muestra colectiva Duchampiana de la galería Arcimboldo, junto a Dalila Puzzovio, Charly Squirru, Mercedes Esteves y Benito Laren, entre otros. La ausencia total de solemnidad de quien The New York Times considera «uno de los cinco artistas vivos más importantes del mundo» hace que su perceptible felicidad actual sea un bien común en el mundo del arte.

En el texto del catálogo, Bengt Oldemburg se refiere a su don especial, el de mostrar lo invisible en lo visible. Y aunque Ferrari rechace la cita del Eclesiastés, no cabe duda de que hay «un tiempo para plantar y un tiempo para arrancar lo plantado; un tiempo para llorar y un tiempo para reír. Y ¿qué otra cosa son estos potentes músicos de la muestra actual, sino los más fieles representantes del tiempo de la dicha?

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