La mirada de Da Rin al mundo de "El tambor"

El misterio del niño muerto. Flavia Da Rin en Ruth Benzacar desde el miércoles 26 de marzo de 2008 hasta el sábado 3 de mayo de 2008.

La joven artista Flavia Da Rin le ha dado un giro inesperado a su obra en la nueva serie de fotografías que la semana pasada presentó en la galería Ruth Benzacar. Sin abandonar los autorretratos que fueron la base de su ascendente carrera local e internacional, Da Rin cambió el estilo, dejó de lado la marcada influencia del comic japonés, y las imágenes estereotipadas que le daban a su rostro la apariencia de las niñas de ojos grandes de los dibujos «Manga».

La artista, retocando sus fotos con intervenciones digitales, respetando el mismo procedimiento de autorretratarse y acentuando la teatralidad, dejó de ser una protagonista del comic para encarnar una extensa y variada serie de personajes inspirados en la literatura, el cine y la historia de la pintura. Es decir, aunque todas las imágenes llevan impresa la huella de sus rasgos, la verdadera identidad de Da Rin sigue siendo una incógnita. Y en los flamantes autorretratos el enigma se acentúa, porque se revela como una actriz consumada, como una excelente interprete de diversos prototipos psicológicos.

En el texto del catálogo, Inés Katzenstein asegura que la artista trabaja «sin miedo a patinar», con los recursos más seductores de la cultura visual y el espectáculo, y atribuye a esta característica que su obra sea «tan icónica, tan atractiva». Luego, describe el método de trabajo, y cuenta: «En un rincón de su living, Flavia se disfraza y se fotografía a sí misma en mil poses, como una actriz frente al espejo (observar, por ejemplo, los gestos de las manos de sus personajes, que se crispan de diversas maneras). Sólo cuando concluye esta primera etapa performática y fotográfica, la artista se sienta frente a la computadora como un pintor frente a su caballete».

La muestra «El misterio del niño muerto» está inspirada en la tragedia de Oskar Matzerath, el pequeño que se resiste a crecer de la película de Volker Schlöndorf «El tambor», basada en la novela de Günter Grass. En las imágenes de la exhibición, la confusa muerte del niño y las extrañas circunstancias que la rodean, se alejan del guión original. La artista crea sus propias ficciones.

Así, las escenas que fotografía configuran un ambiguo relato cargado de matices que mantienen el drama en estado latente. Su Oskar, víctima y denunciante de una sociedad hipócrita y mentirosa, aparece retratado en una cama de hospital. A partir de esta cita casi literal de la película (pues el personaje, aunque está encarnado por Da Rin ostenta los rasgos del actor David Bennett), se abre un mundo fantástico de celebración y llanto.

Hay una recreación de las tres gracias, unas ninfas que danzan en el bosque, cuya atractiva belleza convoca la tradición pictórica flamenca a nuestros días. La actualidad está dada por las figuras anoréxicas y los colores luminosos que utilizan las propagandas. El oscuro trasfondo del relato, flota sin embargo a la par de esos cuerpos delgados. La sensación de alegría y movimiento que transmite esta imagen glamorosa resulta tan desconcertante e inapropiada frente a la del pequeño moribundo, que termina por acentuar la tristeza que pretende disfrazar.

El duelo está representado por unas mujeres que expresan su dolor y que, al igual que las niñas del coro y el resto de los personajes, llaman la atención por la elegancia suprema de sus atuendos. En una obra tanto o más elocuenteque un cartel publicitario,la moda juega un papel muy importante: el afanoso cuidado de los detalles (encajes, cinturones, collares, carteras, tocados, peinados, maquillajes) refleja la vanidad y frivolidad de los protagonistas.

De este modo, a la sinceridad de los gestos de dolor se contrapone el artificio de las puestas en escena. El contrapunto entre los sentimientos que inspira la muerte y la cautivante belleza del contexto donde se desarrolla el drama, descubre un universo cambiante e inestable, donde no hay nada que resulte totalmente falso ni, mucho menos aún, totalmente verdadero.

Como en la vida real, el mundo perturbador de Da Rin está para ser interpretado.

Flavia Da Rin en Bola de Nieve

compartir
Con el apoyo de