Sillas sin techo

Sillas Intervenidas. León Ferrari, Ernesto Pesce, Carlos Gorriarena, entre otros, Jorge Pietra en CC Recoleta desde el jueves 6 de marzo de 2008 hasta el domingo 30 de marzo de 2008.
Esta muestra trabaja objetos cotidianos. De plástico, metal o madera, las sillas trascienden su carácter ontológico simple para convertirse, en esta oportunidad, en arte. Arte con sentido social.

Supongamos que los bienes culturales están al alcance de todos, que cualquiera puede acceder a procesos educativos de calidad, que todos tenemos una mesa donde leer, tranquilidad para estudiar y un techo que cobije sueños y utopías.

Supongamos… y todo se derrumba. Hay niños y familias enteras arrojadas al vacío, incontables historias de cosificación y políticos (y políticas) tan polipropilenos como bolsas de supermercado (¿o debo decir supermarket?).

En medio de semejante pantomima de corruptos, trajes y masacres, ingresar a una sala de exposiciones y poder extasiar la mirada con sillas intervenidas por artistas, regocija.

Saber que esas sillas serán rematadas a fin de recaudar fondos destinados a mitigar injusticias sociales, renueva el deseo de compromiso y militancia.

Y no es para menos. No vemos todos los días objetos cotidianos intervenidos por León Ferrari, Norberto Onofrio, Ana Maldonado, Felipe Pino, Rosa Audisio, Luis Abraham, Diego Perrotta, Omar Panosetti, Ernesto Pesce, Juan Doffo, Guillermos Mac Loughlin y Jorge Pietra, entre otros artistas prestigiosos.

Temáticas como la manipulación, el aprisionamiento y la desaparición del cuerpo, que tan prolijamente trabaja Ana Maldonado, se asocian a otras, no menos acuciantes. Pienso en la silla de Rosa Audisio y Luis Abraham, dónde las piezas de dominó remiten a un proyecto estético mayor denominado Dominó. En él, y a través de diversas actividades, se formulan situaciones que denuncian prácticas sociales irracionales (la mercantilización de la naturaleza o la explotación de las personas, por ejemplo).

Todas las sillas plasman profundas reflexiones en torno a la sociedad, el poder, la marginación, los seres que habitan nuestros infiernos y los infiernos humanos mismos.

Marzo es un mes propicio para esta muestra: la memoria cotidiana se fortalece, el dolor es actualizado y la identidad recuerda los caminos colectivos de construcción que no deben ser olvidados.

Observar estas sillas nos acerca a una organización que vincula el arte con lo social. Me refiero a Arte sin techo. De trabajo silente y minucioso, este grupo de personas desarrolla actividades solidarias y estéticas.Es un trabajo diario, silla a silla, mural tras mural.

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