El registro onírico del vacío

Y Giorgio en la playa. Emiliano Reato en Sara García Uriburu desde el miércoles 14 de noviembre de 2007 hasta el miércoles 5 de diciembre de 2007.
Discípulo de Roberto Páez y Profesor Superior en pintura y grabado, Emilio Reato profundiza uno de los papeles fundamentales de la plástica: testimoniar las hondas bisagras que atraviesan al ser.

Ocuparse de los espacios públicos no es fácil. Hacerlo desde la pintura, sondeando íconos potentes del imaginario, es más difícil aún. Los trabajos expuestos en la Galería Sara García Uriburu, fieles a la autonomía identitaria de Emilio Reato, prosiguen una incansable reflexión sobre escenarios enraizados a sensibilidades rioplatenses y universales.

La playa, el océano y la arena conforman los entornos. Niños navegando experiencias lúdicas, personajes asociados a dibujos animados y seres de profunda soledad introspectiva, constituyen las entidades que, junto a aquellos entornos, permiten reflexionar sobre el ser, la nada, el cosmos y el vacío.

Si estas obras preguntan por el espacio público, no menos cierto es que indagan otras dimensiones. Los relatos oníricos y la ruptura de la linealidad discursiva se expresan en pinturas donde azules y celestes vibran perplejos, casi sostenidos por el aire. Y es que Emilio sondea entornos de socialización vivos en veranos de ensueño, y los explora desde el inconsciente laberíntico.

Contemporánea, adulta y escrutadora, esta pintura no deja de lado al soporte. Varios de los mismos tienen al ojo y a la visión como temática de estudio, introduciéndose en los enigmas de la mirada. La subjetividad importa. No es para menos. La actualidad de estas imágenes reside tanto en los temas abordados, como en el sutil tratamiento de la construcción del sujeto efectuada por las sociedades humanas. Pienso en “El ojo del”: obsérvese la ocupación del espacio, el diálogo entre los colores y la composición. El gran presente es el pensamiento en torno a nuestra mirada sobre los otros.

En ese mirar surgen temáticas potentes: la soledad, el hastío, el individuo frente al todo, las obligaciones impuestas, la inmensidad abrumadora.
En el fondo estamos solos, siendo nosotros lo imaginado por un imaginario tan social como caótico. Reato lo plasma a través de pinturas testimoniales. Es nuestra psique la desvestida.

Estos trabajos, de alguna manera, son subterráneos, casi edificados bajo asfaltos y pisos. La luz es intensa. No obstante, es una luz que permite leer la oscuridad críptica encerrada.
La pintura de Reato es sutilidad en grado sumo. Permite ver los virtuosos vicios del alma; vicios tan humanos como animales.

Su mirada no descarta el humor y la ironía, así como reinterpretaciones de istmos, citas y homenajes.

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