Un pintor obcecado

Las reglas del juego. Alfredo Hlito en Muntref (Caseros) desde el jueves 19 de abril de 2007 hasta el sábado 30 de junio de 2007.

Orden y enigma, meditación y misterio, son adjetivos que parecen señalar márgenes opuestos de la experiencia plástica; no obstante, confluyen con precisa naturalidad en las obras de Alfredo Hlito.

Nacido en Buenos Aires en 1923, este artista fue junto con Elio Iommi, Claudio Girola, Tomás Maldonado y Lidy Prati uno de los jóvenes que en noviembre de 1945 constituyeron la Asociación Arte Concreto Invención anunciando el fin de la era de la ficción representativa y del hacer intuitivo para promover fervorosamente un discurso racional.
Su extensa trayectoria constituye un claro ejemplo de laboriosa y paciente investigación de las potencialidades de la imagen pictórica que demuestra, en sus inicios, la influencia de Joaquín Torres García y el Neoplasticismo. Más tarde y previo paso por Europa, el Impresionismo y el primer Cubismo también dejarían en él sus ineludibles huellas.

Dispuestas de acuerdo a un orden cronológico, comprendidas a modo de resumen panorámico y otorgando una central importancia al contexto histórico en que comienzan a surgir, las 36 obras que se exponen en el MUNTREF bajo la curaduría de Martha Nanni posibilitan a los espectadores aproximarse a los ejes que trazaron el programa de Hlito y que fueron imbricándose durante más de 50 años de trabajo: la búsqueda de una renovada voluntad estética, el desarrollo de un imaginario sugestivo y la exploración perceptiva y cromática.
En este sentido, cobra particular interés la presencia de los estudios realizados en lápiz y tinta sobre papel – partícipes de una amalgama psicológico matemática - y especialmente los de color realizados en la década del 60´. Todos ellos estratos reveladores de una intimidad que permite unificar el recorrido de obras capitales como son las series de Efigies y Simulacros. En relación a la serie de Espectros o Desintegración (1961), las inquietantes vibraciones de color simulan fugarse de sus límites materiales y someten a la mirada a un vaivén hipnótico formidable.

Mientras escribo esta reseña leo que Guillermo Kuitca afirma en una nota publicada por Clarín que Hlito le resulta anacrónico e interesante. Si este elogio parece situarse en una zona incierta, no cabe duda que se torna positivo si pensamos que quien lo recibe fue alguien que entendió su oficio como continuación de las condiciones de la vida cotidiana.

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