Abjuraciones modernas

Abjuraciones modernas
por Jorge Di Paola Levín

¿Le creerían al autor de esta nota si pidiera perdón porque Martín Fierro fue un desertor? En todo caso ¿no hubiera debido pedirlo José Hernández a su tiempo? Una ola de arrepentimiento por el pasado de otros, con sus peculiares motivaciones que son el tema de la Historia y sus inquisiciones, aqueja a los líderes mundiales. ¿Querrán que la gente olvide también los errores del presente? ¿O se trata de diseñar un mundo lejos de la verdad histórica, ese proceso de pensamiento que nunca termina?

Hoy en día no es tan difícil imaginar que alguno de nuestros dirigentes se arrepienta de la Revolución de Mayo y le pida a Zapatero perdón por ello. En realidad ¿ha valido la pena degollar tantos españoles? Ni siquiera fue una acción elegante. En lugar de mandar varios navíos atestados de soldados para formar una brigada de colonias para enfrentar a Napoleón en defensa de Fernando 7º, lo que hubiera sido muy caballeresco, nos dedicamos a inventar tormentosamente las Provincias Unidas Del Sur en nombre acaso del libre comercio y de otras libertades irrelevantes, dejando por añadidura a nuestro Rey de entonces en la estacada. Si bien el rey del pasado era injusto, Carlos, el rey actual, luce muy bien y parece ecuánime.

Esos recursos de razonamiento contrafáctico, que suenan humorísticos, han sido esgrimidos con gran éxito hace unos años por el Papa Juan Pablo II y hace un mes por el presidente George Bush. El primero pidió perdón por la Inquisición y el segundo lo hizo por el pacto de Yalta, que permitió a Stalin apoderarse de media Europa.

El género de la abjuración suele ser más político que literario, y creo que tiene fines interesados que intentaremos descifrar. El Papa Wojtyla pidió perdón 300 años después por la Inquisición y particularmente por el juicio a Galileo, que le costo la reclusión después de proclamar arrepentimiento por la dirección de sus investigaciones y su adhesión al sistema copernicano, que

Giordano Bruno, (el verdadero autor de la frase célebre “Epur si muove”),sostuvo como verdades que se negó a desmentir, auque por ello fue quemado en la hoguera

Esas injusticias del pasado no podían sostenerse más a fines del siglo XX en un mundo profano casi totalmente diseñado por la ciencia. Pero la Iglesia, después de la teoría del Big Bang encontró una forma de reconciliarse con la cosmología uniendo el origen místico con el origen fáctico, asimilando esa hipótesis sobre el origen del Universo, la Gran Explosión, a la figura bíblica de la creación del mundo: “Y se hizo la luz”, porque en el principio era El Verbo y más tarde las cosas.

Pero aún así, en la reconciliación, ecos del viejo orden empujaron a Wojtyla(2) a recomendar a los astrofísicos, en una conferencia que inauguró en el Vaticano en 1981, no investigar sucesos que ocurrieran “durante” la Gran Explosión, sugerencia que aterró a Stephen Hawking, el físico inglés que ¡oh! casualidades, se encontraba en ese entonces metiendo el dedo donde no debía, imaginando(escribiendo las ecuaciones de) un tiempo finito y un espacio que no tuviera frontera, es decir sin principio, sin Creación. (Por mi parte nunca entendí bien que la creencia en Dios dependiera del acto de creación del mundo ¿por qué Dios y Mundo no pueden ser simultáneos cuando aún no ha sido inventado el Tiempo? Esas preguntas exceden nuestra posibilidad actual de certidumbre.

En “Historia del Tiempo”, el libro más conocido del experto inglés en Agujeros Negros, Hawking cita al Papa Wojtila no sin inquietud, diciendo: “(…) que no debíamos indagar en el Big Bang mismo porque se trata del momento de la creación y por lo tanto de la obra de Dios” Por si esto fuera poco, el científico recuerda a los lectores:“¡Yo no tenía ningún deseo de compartir el destino de Galileo con quien me siento identificado por la coincidencia de haber nacido exactamente 300 años después de su muerte.”

En ocasión del 60º aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial, George Bush afirmó que los tratados de Yalta, consecuencia de la conferencia del mismo nombre entre Churchil, Stalin y Roosvelt, habían sido un error, y pidió perdón por todo lo que Occidente decidió a principios del 45, abstrayendo la complejidad y las motivaciones históricas y políticas de la época. El tío rico menosprecia a los tres sobrinitos de Donald que se repartieron el mundo según el territorio de las luchas y el costo de su sangre.

Es cierto que la Europa dividida entre el Este y el Oeste, la partición de Alemania y de su capital, la existencia de los países satélites fue un derivado de esa decisión. Pero esa decisión derivó a su vez de la fuerza de los hechos. Hitler no hubiera sido derrotado sin la Unión Soviética, y ésta a su vez aportó 20 millones de muertos en ese combate, incluyendo el casi sobrehumano heroísmo de Stalingrado. Toda esa extensión de territorio europeo del Este hasta Berlín fue conquistado palmo a palmo por la sangre soviética. No se podía pensar en ese entonces en otra opción inmediata y se decidió una estrategia sin tiempo.

La otra opción era continuar la guerra con otro enemigo que había sido amigo. Con una Europa destruida casi por completo. Con economías exhaustas, con el parque industrial destrozado, la población masculina—la carne de cañón –diezmada, la voluntad de combate agotada. No fue la mejor opción, fue la única, y trajo inmensas injusticias que al final concluyeron con la caída del muro, efecto de las estrategias que adoptó Occidente desde hace justamente esos 60 años, pues nunca ignoraron que esa amistad tenía un fin que deseaban acelerar.

Los historiadores tratan de interpretar los hechos y las circunstancias y luego, los que ganan las guerras, escriben los textos. Es una tarea siempre inconclusa.

Pero no les basta ganar el pasado y el presente y van por más. La reescriben a su modo y conveniencia, sin miedo de adulterar a sus predecesores pues el objetivo es el futuro. Por eso ahora las batallas tienen lugar en nuestras mentes más que nunca antes: somos el nuevo territorio intangible a conquistar, en Nueva York o en Tandil.

------------------------------

(1) Cualquiera puede pensar que Bush debió pedir perdón por sus acciones, como las guerras de Afganistán y de Irak. Aunque ya sabemos que lo hará el presidente americano del 2050, acaso su bisnieto.

(2) Pudo haber pedido perdón por intentar poner límites a los descubrimientos científicos del siglo XX. Benedicto tiene tarea, o quien lo suceda. (2bis) También pidió perdón por las víctimas aborígenes de la colonización. Pero en una visita a América los líderes incas le devolvieron la Biblia

(3) Más honesto, Stephen Hawking reconoció recientemente que era muy difícil que pudiéramos entender al Universo.

compartir