Pintó la razón. Pintó la emoción.

Autor de la reseñaMercedes Janon
MuestraSobrino y Gomez Canle
EspacioBraga Menéndez Arte Contemporáneo - Galería de Arte
Artista(s)Andrés Sobrino | Max Gómez Canle
Técnica(s)Pintura
Inauguración24-04-2007 10:00
Cierre28-07-2007 10:00
Las muestras de los jóvenes artistas argentinos Andrés Sobrino y Max Gómez Canle estarán en la galería de arte contemporáneo Braga Menéndez hasta el 24 de mayo.

El tucumano Andrés Sobrino expande sus grandes geometrías minimalistas con absoluta soltura e imponencia en la sala 2 de la galería de arte contemporáneo Braga Menéndez. Por su parte, los paisajes de melancolía optimista de Max Gómez Canle encuentran mejor contexto en la sala 3 de la planta alta, más reducida e intimista, que las acompaña y contiene con un tono cálido y neutro. Dos climas, dos estéticas, dos búsquedas y una misma preocupación: la pintura.
A Sobrino le interesan los elementos básicos de la pintura: la luz (el color) y la forma (la geometría). Desde la racionalidad, busca sus límites, los explora con obsesión. El impacto mayor lo producen las dos hileras de catorce tablas rectangulares, gran instalación en la que el artista ahonda meticulosamente en la forma y el color, en su rol en la conformación de símbolos, signos y señales. En las fotos de la muestra investiga la luz como fenómeno en sí. La imagen de un amanecer tucumano se relaciona con Evolución darwiniana, donde los tonos de la foto parecen haber servido como base para una representación proporcional de valores jerarquizados según una evolucíon o progresión desde la oscuridad a la luz. En otras dos obras, Sobrino representa una relación dialógica según estas posibles asociaciones: cielo= luz, claridad, dinamismo, diafanidad; infierno= ausencia de luz, oscuridad, estatismo, pesadez. Una de estas obras es una instalación con dos cuadrados dispuestos en el suelo, uno conformado por cuadrados negros infinitamente encastrables entre sí y el otro por claros rectángulos áureos. La razón y la matemática están en primer plano. La otra obra, que refiere a este binomio cielo-infierno, son dos fotos que dialogan a partir de su ubicación y su tamaño. Podemos encontrar alusiones a lo religioso en la instalación de cruces diversas, donde se cuestiona y pone en evidencia el inmenso poder simbólico y pregnante de la forma. También, los tres cuadros -que apelan a la palabra y la escritura como signo- son una suerte de tablas de la ley del diseño gráfico y, por extensión, del arte.
Desde su bohardilla, Gómez Canle tiene una relación más afectiva y emocional con la pintura. Él quiere representar el mundo exterior y el interior, y , en ese mismo gesto, mantener un vínculo estrecho y amoroso con el acto de pintar en sí, con la tradición de la pintura, con su historia. G. Canle pinta paisajes, al óleo, como lo hacían en el renacimiento, las dimensiones de sus pinturas son reducidas, como las de aquella época. Los paisajes son paisajes vistos e imaginados caprichosamente, como corresponde a un artista que se precie de serlo, ¿para qué tenemos imaginación, si no? Usa técnicas antiguas, como la de pintar sobre chapas de cobre, siguiendo una receta magistral, de alquimista, para poder lograr la adherencia del óleo sobre el metal. La antiventana es el tema y, alguna vez, Canle confesó querer pintar un cuadro que se diera vuelta como una media, y si antes el cuadro era visto como una ventana, una antiventana se ha dado vuelta en su significante lingüístico, ¿pero qué hay de un lado y otro de esta antiventana? Hipótesis: el hombre y la naturaleza, la pintura de antes y la de ahora. En todo caso, lo humano está presente en esos paisajes a través de lo geométrico. El resultado es un recorrido por la historia de la pintura: renacimiento, Bruegel, Friedrich, surrealismo, metafísicos, imágenes geometrizadas del arte digital. En Flía. Veronese tres generaciones de personas salidas de un video juego contemplan verdes (veronese, qué otro si no) de envidia la inmutabilidad de la montaña, los tres ligados como lo están en el cuadro las distintas épocas del arte (paisaje romántico, color renacentista, antropomorfismo digital). Una gran llave (como las de los video-juegos, según el propio artista explica en el fanzine naranja que acompaña la muestra y que ofrece claves para una lectura más amplia de las obras) es la única escultura, que se yergue enigmática en el centro, ostentando el poder de abrir o cerrar a su antojo -capricci- lo que sea. Hay una mínima instalación: dos cuadros dialogan sin entenderse del todo y sin que eso importe, en el grande hay unas ventanas geométricas y en el chiquito una antiventana (así reza la chapita de bronce) flotando en el aire, cuya forma no coincide con ninguna de las otras dos aperturas. Desde sus antiventanas, Canle apela constantemente al receptor, incluyéndolo en ese marco, invitándolo a asomarse o subir la escalinata, ubicándolo en un lugar concreto, instándolo a reconstruir y resignificar la misma historia del arte.
(Hasta el 24 de mayo, galería de arte contemporáneo Braga Menéndez, lun. a vie., de 13 a 20hs, Humboldt 1574, www.galeriabm.com)

Andrés Sobrino en Braga Menéndez Andrés Sobrino en Braga Menéndez Andrés Sobrino en Braga Menéndez Andrés Sobrino en Braga Menéndez Andrés Sobrino en Braga Menéndez Andrés Sobrino en Braga Menéndez Andrés Sobrino en Braga Menéndez Andrés Sobrino en Braga Menéndez Andrés Sobrino en Braga Menéndez Max Gómez Canle en Braga Menéndez Max Gómez Canle en Braga Menéndez Max Gómez Canle en Braga Menéndez Max Gómez Canle en Braga Menéndez Max Gómez Canle en Braga Menéndez Max Gómez Canle en Braga Menéndez Max Gómez Canle en Braga Menéndez Max Gómez Canle en Braga Menéndez